Comunicar desde la biografía del comunicador

 

Comunicar es una acción que pone en juego no sólo nuestras habilidades intelectuales, adquiridas a través de una formación académica o la experiencia profesional; en paralelo, nos interpela personalmente en lo emocional, axiológico y espiritual.

¿Somos creativos o conservadores?, ¿nos gusta la música clásica o los recitales de rock?  En la intimidad de nuestras casas, ¿nos apasiona la gastronomía y despuntamos nuestro hobby repitiendo las recetas de nuestras abuelas y reconocidos chefs? No nos gusta que nos insistan, adoramos el trato personalizado, nos molesta que un desconocido nos llame por nuestro nombre o, por el contrario, ese gesto nos inspira confianza y familiaridad.  Sobre gustos y preferencias –dicen- no hay nada escrito; es un terreno donde se vuelven protagonistas el respeto y la diversidad.

Como profesionales de la Comunicación, el poner en juego nuestra historia personal y nuestros intereses, nuestro ser ciudadanos, clientes, oyentes, televidentes, lectores y consumidores, hijos, padres, hermanos, nietos y sobrinos se convierte en un activo estratégico y permite redireccionar nuestra estrategia de comunicación en el momento de estar asesorando a organizaciones tanto privadas, como públicas y del tercer sector.

Ponerse en los zapatos del otro, conectándonos con nuestros propios interrogantes, nos sensibiliza y permite que pongamos en acción mensajes más humanos, con un mayor cuidado y respeto por la dignidad de los otros y, a su vez, alineados con la identidad y necesidad de la institución, causa o persona pública que estemos acompañando en consultoría, prensa, asuntos públicos, crisis u otro ámbito de la comunicación.

Conectarnos con nuestra historia de vida, con los acontecimientos que nos marcaron desde la extrema alegría  -nacimientos, obtención de logros que demandaron años de dedicación, sueños que se hacen realidad- o el intenso dolor de una pérdida, una gran frustración o una sorpresiva enfermedad, no sólo colman de sentido nuestra actividad diaria, sino que potencian la efectividad de nuestra tarea y renuevan la confianza de nuestros interlocutores.

Cuando nos toque encarar todo tipo de acción en comunicación, recordemos el tener en cuenta nuestra propia consideración de “la propuesta” en términos de credibilidad, solidez, cercanía e impacto.  Nuestro criterio nos facilitará la tan deseada conexión con los clientes de “siempre”, y también con los potenciales.

 

Por Bárbara Rant, consultora de Estudio de Comunicación Argentina. 

@barbiplanika 

 

Foto: eduardo.robles

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