2.0, realidad virtual, cárcel real

 

La sentencia que  condena a 10 años de cárcel al desempleado que  dedicó su mucho tiempo libre a violar el correo de varios famosos para robar y distribuir fotografías privadas que dejaron, literalmente, con el culo al aire a Scarlett Johansson, pone de manifiesto que las redes son una dimensión más de nuestra realidad que poco tiene de virtual.

Lejos de la unidimensionalidad marcusiana, el hombre se mueve hoy en dos dimensiones paralelas, la de siempre y la online pero, como Isabel y Fernando, tanto monta monta tanto. Los actos en la red tienen transcencencia, inciden en la vida “real”. Pueden causar descrédito en nuestra reputación, robar nuestras cuentas bancarias, generar beneficios para nuestras empresas o, simplemente, hacernos reír, pasar buenos ratos y contactar con amigos.

Se puede decir que las redes fueron durante algún tiempo la última frontera, el lejano oeste hacia el que marcharon los más emprendedores, los buscadores de oro, los aventureros. Pero a día de hoy se han convertido ya en un territorio promisorio lleno de vida y de posibilidades… por más que ronden algunas partidas de facinerosos.

Desde el punto de vista empresarial e institucional, las múltiples evidencias sobre la tangibilidad de lo virtual se convierten en llamadas cada vez más urgentes a la acción porque ninguna empresa o institución con los pies en el suelo puede renunciar a ocupar su sitio en un territorio que, hoy para una parte importante de la población y progresivamente para todos, se convierte en un escenario absolutamente real en el que tan posible es el robo o la violación de la intimidad como la creación de imagen, la venta de productos y servicios o la posibilidad de comunicar con públicos cada vez más amplios.

La noticia que encabeza esta entrada, vista desde España, crea cierta envidia, por la relativa rapidez con la que se produce el desenlace y por su ejemplaridad. Sin lugar a dudas, las leyes y la rigurosa aplicación de la justicia aportan garantías y tranquilidad para permitir que los elementos positivos de la sociedad impulsen con firmeza su presencia en el universo 2.0.

 

J. Alberto Mariñas, socio. Estudio de Comunicación. 

@amarinas

 

Foto:  classiks

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