A vueltas con el retoque de las fotografías de prensa

Según informan o ExtremeTech o Spiegel Online, después de varios meses, parece que la organización de World Press Photo –el concurso de fotoperiodismo más prestigioso del mundo- ha llegado a la conclusión que cualquiera que sepa un poco de imagen percibió desde el primer momento: la fotografía ganadora de la última edición ha sido ampliamente  retocada con un editor de imagen, Photoshop para entendernos.

Varias pruebas forenses realizadas a la imagen ponen de manifiesto lo que una visión suficientemente educada detecta al primer golpe de vista. La fotografía ha sido retocada digitalmente para iluminar las caras de la multitud y componer así una dramática imagen. Algo así como un “dodge and burn” en lenguaje de retocador, es decir, alterar el balance original de las altas luces y las sombras para dramatizar o embellecer la imagen, algo que se hace habitualmente en la fotografía de belleza pero también en paisaje, producto, publicidad, etc.

Personalmente, no tengo nada contra el retoque de las fotografías, incluso las de prensa, cuando ayuda a crear una buena imagen. Cosa distinta es la manipulación de componer imágenes inexistentes o realizar montajes que es algo muy digno pero que no es reporterismo.

En su día me extrañó la concesión del premio porque últimamente se ha instaurado en este tipo de concursos cierto puritanismo que impide procesar las imágenes de la manera en que, por ejemplo, ésta lo ha sido. Para mí es como si en el pasado al laboratorista del periódico se le hubiera prohibido usar el papel “duro” o el “suave” o hacer reservas o sobreexposiciones en la ampliadora. Nunca nadie puso tal tipo de restricciones en las redacciones.  Hoy el laboratorio digital son los programas de edición fotográfica y que un buen trabajo de laboratorio saque a la imagen originalmente captada todos los valores latentes que hay en ella y que el sensor de la cámara no es capaz de resaltar no me parece reprobable sino todo lo contrario.

Por otra parte, la sacralización de que “solo vale lo que se consigue directamente en la cámara” parece un tanto vana. ¿Por qué valdría tomar la foto con un filtro degradado de densidad neutra para disminuir el contraste del cielo y no sería válido hacer eso mismo aplicando digitalmente el filtro mediante una capa de degradado? Se me antoja difícil poder defender ninguna diferencia. Por otra parte, la sacralización de lo que sale de la cámara es algo que se tambalea también cuando los sensores evolucionan y hoy pueden aplicar desde técnicas de alto rango dinámico hasta maquillaje digital sin que el fotógrafo tenga que “retocar” posteriormente la imagen.

En mi opinión, en fotografía informativa, como en Comunicación, la verdad es el límite, que ni el discurso ni la imagen cambien la realidad. El límite no debe de ponerse en emplear la técnica para mejorar la calidad comunicativa de las palabras o de las imágenes si estas son verdaderas.

J. Alberto Mariñas. Socio de Estudio de Comunicación. España.

@amarinas

Foto: Paul Hansen

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