#Comunicación online: Barrera para la Comunicación

Uno de mis seguidos en Twitter, el maestro Manuel Campo Vidal (@mcampovidal), retuiteó una frase de @0RTOGRAFIA en la que se afirma: “Las faltas de ortografía hacen que en un segundo se pierda el interés por lo que se está leyendo”.

Me apresuré a responder que, estando como estoy totalmente de acuerdo, deberíamos recordar también a todo aquel que se anima a poner unas líneas o unos caracteres negro sobre blanco que las faltas de sintaxis y gramática se deben incluir en eso que llamamos ‘faltas de ortografía’; que no es todo una tilde o una hache muda, vaya.

Porque, a mí al menos, una tilde ausente o mal puesta me distrae, claro; pero tengo la opción de “recuperar” el renglón si me lo propongo. Una coma ausente o mal puesta, unos dos puntos colocados al azar o un punto donde debería estar un punto y coma, no es que me distraigan: es que me hacen perderme. Y no es necesario añadir mucho más si incluimos los errores de concordancia verbal o de género, por seguir con los ejemplos.

Añado, para que no se quede nada al margen, las grafías anglosajonoides (vale: la palabra no existe; pero sería admisible en nuestro idioma técnico si buscásemos un término que significase “con aspecto de anglosajonas aunque no lo sean”, ¿no?). Las de siglas, por ejemplo, añadiendo una ese minúscula a la sigla o acróstico españoles para representar el plural. Y, bueno, no hagamos capítulo aparte de los ‘políticamente correctos’ que inventan letras, tipo uso de la @ para significar ‘o’ y ‘a’ a la vez.

El problema es que no sé si todo esto es “predicar en el desierto”. Pregunte a un adolescente que cómo se pueden poner tantas faltas en un mensaje. Hasta hace poco, respondían que, al tratarse de un SMS, se había creado una especie de código para ahorrar caracteres y que los mensajes no saliesen caros. Ahora que los smartphones han tomado el control y los WhatsApp, Viver, BBMessenger, etc. son la vía “gratis total” para comunicarse, además de Twitter y demás redes sociales, la respuesta a la pregunta es: “lo sé escribir bien, pero lo hago como todos, que si no me consideran friki”. O sea: la “partitura” va de cualquier manera y todos tan contentos.

No digo que la culpa, si es que hay que asignar alguna, la tenga la juventud o los ya no tan jóvenes que han aprendido a escribir sin que nadie les ayudase a aplicar rigor en sus textos. De hecho, no sé quién tiene la culpa: así de fácil. Sí sé seguro que los errores en la aplicación de lo que, al fin y al cabo, son cuatro normas gramaticales, sintácticas y ortográficas, son uno de esos ‘ruidos’ que siempre interfieren entre emisor y receptor a la hora de transmitir un mensaje. Son, en otras palabras, una barrera para la Comunicación.

Jesús Ortiz, consultor sénior de Estudio de Comunicación. España. 

@JesOrtizAl

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