Chile: RSC tras el terremoto (Negocio)

chileLas tragedias producidas por el hombre o por la naturaleza, siempre sacan lo peor y lo mejor de las personas -físicas o jurídicas-, ya sea de forma individual o colectiva. El brutal terremoto que sacudió a Chile en la madrugada del 27 de febrero, al que le siguió un devastador sunami, ha acabado, por el momento, con cerca de 800 vidas, centenares de desaparecidos y cientos de miles de casas destruidas. El terremoto ha dejado a millones de afectados, infraestructuras colapsadas, servicios básicos gravemente dañados y una sensación de frustración e impotencia, que está llevando a algunos grupos a protagonizar saqueos, actos de pillaje, incendios y desórdenes públicos, erosionando la imagen de un país que ha ido construyendo su buena reputación internacional en principios como la seriedad, el orden y la seguridad.

Las cifras preliminares que se manejan sobre los costes económicos del gigantesco seísmo son elocuentes: unos 2.500 millones de dólares por el efecto de la destrucción del 20% de los hogares en las zonas afectadas; 1.500 millones de dólares en construcciones comerciales e industriales; 2.000 millones en infraestructura vial y portuaria; 500 millones en maquinaria y equipos, y unos 500 millones de dólares en inventarios perdidos. Sectores como el asegurador, pesquero, forestal, acerero, vinícola, o turístico van a pagar también un elevado precio, que todavía se está cuantificando.

El equipo de gobierno entrante, que tomará posesión el próximo 11 de marzo, está evaluando los mecanismos más adecuados para dotarse de los recursos necesarios para la reconstrucción del país. Para ello cuenta con cerca de 11.300 millones de dólares del llamado Fondo de Estabilización Económica y Social (FEES), que fue creado en su día para enfrentar este tipo de desastres, así como con la posibilidad reasignar partidas presupuestarias, o apelar al endeudamiento interno o externo.

El ofrecimiento de ayuda por parte de España ha sido muy bien valorado en Chile. Sin embargo, junto a los apoyos públicos, éste es el momento también para que los intereses privados y, más concretamente, las numerosas empresas españolas que en su día apostaron por invertir en Chile, materialicen su discurso de compromiso de largo plazo e implicación con el país.

No bastan las páginas de publicidad que estos días se pueden ver en los periódicos, mostrando apoyo y solidaridad ante la tragedia, con un “Fuerza Chile” como el slogan de una campaña que sólo beneficia a las empresas editoras. Quedarse sólo ahí sería una mala política de Comunicación y seria interpretado como una instrumentalización propagandística del enorme drama que viven miles de familias chilenas. Este es el momento, la gran oportunidad, de demostrar con hechos que la responsabilidad social corporativa (RSC) no es una palabra vacía, sino un principio asumido que permea a nuestras compañías, basado en devolverle a la sociedad una parte de lo que de ella se obtiene.

Sin duda, la primera responsabilidad de las empresas, especialmente las que operan con públicos masivos (electricidad, luz, agua, telecomunicaciones, o infraestructuras), es restablecer cuanto antes los servicios, sin reparar en medios humanos, técnicos o económicos. Pero, junto a ello, es obligado disponer de un plan que contribuya a paliar la difícil situación de miles de personas que han perdido todo: casa, enseres, trabajo y expectativas. Miles de personas que forman parte de los stakeholders de muchas empresas en su calidad de empleados, clientes, accionistas… Los chilenos confían en eso. Esa es la oportunidad de imagen que tienen ante si las empresas y no aprovecharla, cada una en su dimensión y dentro de sus posibilidades, será tan frustrante como el propio terremoto.

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