Código de vestimenta y comunicación no verbal

En un reciente proceso de selección, que hemos llevado a cabo en Estudio de Comunicación para contratar consultores recién titulados, cuando a varios de los candidatos les indicamos que habían superado las pruebas y que, si deseaban seguir adelante, quedaban contratados, su pregunta fue: “¿cuál es el código de vestimenta del Despacho?”. Hablamos de Comunicación no verbal.

Lo voy a decir alto y claro: qué gusto de juventud, de gente que no llega al cuarto de siglo, que está empezando su carrera profesional y que se preocupan por lo que comunica su aspecto. No es que los carrozas no lo hiciéramos también cuando nos tocó empezar a ganarnos las habichuelas, pero, para ser sinceros, lo teníamos más fácil: no había muchos modelos, solo el formal y el de “a pie de obra”, y no necesitábamos preguntar porque ya sabíamos -lo veíamos- que si era un puesto donde primaba el uso de las destrezas intelectuales, era el modelo formal; y que si se trataba de utilizar principalmente la fuerza física, la vestimenta era “ropa de trabajo”. Tanto ayer como hoy, obviamente, dejamos a un lado las uniformidades, porque quienes las utilizan se rigen, como se sabe, por otros códigos.

Formal y hasta «surfera».

Volviendo a la juventud de hoy, ciertamente lo tiene más complicado. Por poner un ejemplo, se les puede contratar en un puesto en el que, como antes decía, se tienen en cuenta sus destrezas intelectuales para un trabajo de consultoría, pero dependiendo de la especialidad de la compañía contratante, la vestimenta puede ser formal, semi formal, desenfadada y hasta medio “surfera”, de esas con ‘los ellos’ en pantalón corto, chancletas, camisa de flores y manga corta (de ‘las ellas’ hay modelos como para aburrir con la enumeración). Para que conste, no estoy juzgando nada; sólo describo.

Es decir: la imagen de cada empresa se proyecta, en grandísima medida, por medio de su equipo humano. Y es verdad: los clientes de esas empresas o los públicos con los que se relacionan no destinan tiempo y recursos para ver cómo visten los empleados del proveedor o el cliente, sino para lograr los objetivos que se han previamente planteado. Pero, sobre todo si hablamos del tráfico de intangibles, siempre cabe recordar que “no hay segunda buena oportunidad para una mala primera impresión”.

Comunicación no verbal.

La manera de vestir y, en suma, de presentarse de cualquier profesional es un acto de comunicación no verbal. Y, como todos sabemos a estas alturas del siglo, se dicen muchas más cosas sin palabras que con palabras. Hay estadísticas y datos como para llenar varios teras de información sobre la mayor efectividad de los resultados buscados por una empresa en función de la imagen, del primer golpe de vista, que sus públicos objetivo tienen de ella a través de las personas que componen su equipo profesional.

Así que, para no equivocarse con la mayor variedad de hoy en día, qué bueno es que los recién titulados no se corten en preguntar en sus nuevos empleos por el código de vestimenta. Estoy seguro de que eso es cosa de una buena educación familiar y, también, de algún buen profesor que pisa sobre el terreno y quiere, de verdad, enseñar para afianzar el futuro de sus alumnos.

Jesú Ortiz, director del Área de Formación de Estudio de Comunicación

@JesOrtizAl

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