Comunicación: cuestión de matices

A medida que la era digital transforma nuestra forma de comunicarnos, sustituyendo la tradicional charla cara a cara por los correos electrónicos, los chats o los mensajes de texto, mantener el verdadero significado de lo que deseamos expresar resulta vital para no desvirtuar el sentido de los mensajes.

La pérdida de los matices puede tergiversar, fácilmente, el verdadero sentido de nuestras palabras al hurtar al proceso comunicativo los gestos y el tono que acompaña a las mismas para dotarlas del adecuado código que todos compartimos.

Los malentendidos pueden provocar situaciones que despierten en el receptor desde la hilaridad hasta la ira, pasando por la incomprensión, el desacuerdo o incluso la indiferencia, entre otros sentimientos.

Pero el verdadero problema al que enfrentarse a la hora de interpretar el significado de los mensajes escritos es tratar de captar la ironía. Una tarea nada sencilla. Sobre todo, si tenemos en cuenta que suele darse en situaciones ambiguas, por lo que las muletas del tono o los gestos que acompañan al lenguaje verbal no pueden ser utilizadas como elementos adicionales en los que basarse.

Al mantener conversaciones en persona con alguien, podemos darnos cuenta de la utilización de la ironía gracias a señales claras como los gestos, el tono de voz, la expresión o, incluso, la cadencia en el uso de las palabras. Sin olvidar el contexto, que nos ayuda a poder poner la situación en su entorno adecuado.

Todas estas pistas ayudan mucho cuando la conversación se produce en persona, pero irremediablemente se pierden en el mundo digital. Por ello, surgieron en su día los emoticonos para tratar de paliar la ambigüedad y aportar matices a las palabras.

A pesar de los evidentes avances realizados en inteligencia artificial, los algoritmos tienen bastantes dificultades a la hora de detectar el lenguaje y los comportamientos adoptados en entorno digitales como Twitter o Facebook.

Ante estas dificultades manifiestas que plantea la transmisión online, se antoja crucial que las empresas sean plenamente conscientes de estas limitaciones, así como de los malentendidos que pueden poner en entredicho la reputación de una determinada marca. La gestión de las redes sociales puede ser exitosa o un auténtico fracaso si se olvidan condicionantes como estos.

Fernando Geijo

Director Estudio de Comunicación España

@fergeijo

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