Comunicación en tiempos de crisis

Mucho se ha criticado la intervención, hace unas semanas, de la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, al término de la reunión en la que todo el mundo financiero aguardaba con expectación contenida las medidas de la entidad para hacer frente a la emergencia suscitada por el coronavirus.

La escasa contundencia en las respuestas de Lagarde generó un inmediato incremento en las primas de riesgo: “No estamos aquí para reducir las primas de riesgo. No es la función del BCE. Hay otras herramientas y actores que pueden abordar estos asuntos”, señaló Lagarde en la rueda de prensa, provocando con esas palabras el hundimiento de los mercados.

Lagarde dijo que no era el papel del BCE «cerrar el diferencial» en los mercados de deuda soberana, refiriéndose a la brecha entre los rendimientos de los bonos italianos y alemanes. Estos comentarios avivaron los temores a que el BCE renunciara a prestar dinero a países como Italia, agobiado por la emergencia del coronavirus.

A pesar de que el BCE aprobó un paquete de medidas que incluía una batería de inyecciones de liquidez para la banca y un ambicioso programa de estímulos, todo quedó relegado a un segundo plano, por la escasa contundencia de su mensaje.

Todo el mundo evocó enseguida a su predecesor, el italiano Mario Draghi, de quién se recuerdan sus tajantes palabras cuando el BCE afrontó la crisis de liquidez derivada de la caída de Lehman Brothers: Haré lo que haya que hacer, y créanme, será suficiente”.

El prestigioso diario británico Financial Times, llegó incluso a tildar la comunicación de Lagarde de “chapucera”, y el propio BCE se vio obligado posteriormente a precisar las palabras de Lagarde y esta a realizar unas declaraciones a un canal de televisión financiero.

No se puede acusar a una persona como Lagarde (ex directora del FMI, ex ministra francesa) de principiante en el tema de comunicación, pero si que hay que tener en cuenta que incluso para el portavoz más avezado o experimentado, determinadas situaciones demandan un enfoque, un lenguaje especial, y, sobre todo, empatía, una premisa que los que nos dedicamos a la comunicación nunca enfatizaremos lo suficiente.

Por Adolfo Lázaro, director de Estudio de Comunicación

@alazaro_m

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