#ComunicaciónPolítica: Error de cálculo

Algunos se preguntan cómo es posible que los colombianos hayan rechazado en referéndum los acuerdos de paz entre su gobierno y las FARC, si es que no están hartos de 52 años de luchas fratricidas. Entre otras cosas, se puede encontrar un gran fallo de Comunicación.

Por poner las cosas en contexto, el referéndum en el que se pedía al pueblo de Colombia opinión sobre si, textual, «¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?», no era obligatorio llevarlo a cabo. Su resultado, sin embargo, sí es vinculante. Y a pesar de que la pregunta contiene argumentos para el SÍ, lo de la “paz estable y duradera” que parece dirigir el sentido de la opinión, el resultado fue un sorprendente, para muchos, NO.

¿La razón? Puede que haya algo más que esa demanda de los que apoyaban la negativa y que se concreta en que no están de acuerdo con que quienes han cometido crímenes o perpetrado secuestros se vayan “de rositas” con solo pedir perdón a las víctimas. Y en ese “algo más” es donde hablamos de Comunicación.

Como se sabe, tras duras y larguísimas negociaciones en Cuba, que actuaba como territorio neutral, se redactó un acuerdo de 237 páginas por parte del líder de las FARC y el presidente del gobierno colombiano… y ambos lo firmaron. Con gran “aparato” de Medios a los que se hacían declaraciones y en los que se lanzaban parabienes, con espectáculo de discursos y consignas. El mensaje no dejaba lugar a la interpretación: nos hemos puesto de acuerdo y firmado el tratado de paz; ya está todo resuelto.

Entonces, si ya se ha firmado, ¿para qué preguntar? La lógica indica que si se tiene intención de consultar al pueblo, mejor hacerlo antes de los discursos grandilocuentes del “ya está”. En otras palabras: primero se pregunta y luego, si eso, se firma, se hacen los discursos y se convoca a los Medios.

Como se ha dicho, no debe ser el único factor; pero en una consulta en la que se vota con “el corazón”, porque parece difícil que todos los electores se hayan leído las 237 páginas del acuerdo firmado, la percepción de escaso aprecio al votante pasa factura.

La situación deja un camino más tortuoso que el de antes por recorrer, una terrible incertidumbre nacional e internacional (el país acababa de ser admitido en la OCDE al salir de su situación de guerra interna) y a dos líderes perplejos que hicieron de su acuerdo “un sayo” (valga la paráfrasis) y no contaron antes que nada con sus sufridos votantes.

Por Estudio de Comunicación

@EstComunicacion

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