Convertir la comunicación en conocimiento

Al hilo de la maravillosa historia que Noah Gordon cuenta en su novela El Médico, cabe plantearse cómo la incomunicación se convierte en barrera infranqueable para llegar al conocimiento. Consecuentemente, también hace plantearnos cómo poder transformar el apabullante flujo de información del que dispone la sociedad actual en un conocimiento útil, preciso y orientado a su progreso.

El mundo cristiano no permitía en el siglo XI acceder a los conocimientos, muy superiores sin duda, que en Medicina poseían en Oriente y en el mundo judío, y la novela plasma crudamente la frontera religiosa como una sólida muralla  que impedía la transmisión de  la ciencia médica y, en general, de todo conocimiento científico entre las tres culturas. Es un hecho que, si bien  atenuado,  permanece.

Paradójicamente, las nuevas tecnologías de la información están derruyendo  algunos contrafuertes religiosos, aunque  el fanatismo mantiene aún erguida parte de esa muralla. Sin embargo procede considerar si la enorme cantidad de información que hoy día  fluye por los huecos abiertos por las redes sociales, algunas de muy dudoso valor,  no contiene trampas que nos alejan, más que nos acercan, a conocer la verdad que sirva para humanizar un poco más la sociedad. En definitiva, cómo separar el grano de la paja para aventar el progreso social.

Volviendo al terreno de la medicina, el telediagnóstico, por ejemplo, se presenta  como un instrumento de máxima utilidad para nuestra salud aunque, asimismo, como un riesgo enorme en manos de desaprensivos según ahora ocurre con la venta por Internet de medicamentos, sin prescripción ni control médico ni farmacéutico, que aseguren su efecto beneficioso. En el campo de la educación o en el de la protección de la infancia, junto a beneficios indudables,  también se encuentran, al día de hoy, riesgos ciertos que exigen una dedicación de enormes recursos materiales y humanos para prevenir y castigar este tipo de delincuencia en la red.

El Foro de Davos ha puesto el foco sobre el riesgo que supone la extraordinaria rapidez con la que se difunde la desinformación por Internet, especialmente en las llamadas redes sociales, terreno apropiado para su difusión. Es una más de las amenazas cibernéticas sobre las que este foro advierte. En este sentido señala la imposibilidad material de discernir por la propia red la veracidad o falsedad de los cientos  de millones de mensajes que circulan por ella en periodos tan cortos como el de una hora, una sobreabundancia que hace igualmente imposible una percepción correcta por el receptor.

No cabe duda de que las nuevas tecnologías tienen potencial suficiente  para  acercarnos al mejor conocimiento de la realidad humana y social en la que la Comunicación influye esencialmente. Sin embargo, no es ocioso que entendamos que por las redes circula un gran volumen de desinformación, en su mayor parte intencionada, y que en el mal llamado periodismo ciudadano no es oro informativo todo lo que reluce.

Por Ramón Almendros, director de Estudio de Comunicación España.

@RamonAlmendros

 

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