Cuando lo obvio no es la solución: salvar la comunicación como salvaron Notre Dame

Imagino que cualquiera que haya visto arder la Basílica de Notre Dame habrá sentido, cuando menos, un escalofrío de angustia, de pena o de sentimiento de pérdida. Siempre duele la destrucción de lo que nos emociona; toca ahora solidarizarnos con Francia, con París, con sus gentes y hasta con ese Sena vecino, que ha visto impotente cómo sus aguas reflejaban la catástrofe. Y luego están los que son incapaces de, como reza el dicho, “dejar hacer al maestro, aunque el maestro sea un burro”. Las redes se llenaron de bomberos (¿toreros?) que sabían ‘perfectamente’ lo que había que hacer con el incendio. Y, tal cual sucede en el terreno de la Comunicación, lo obvio, lo aparentemente evidente, no es en muchos casos la solución.

La reacción automática cuando vemos fuego, casi sin pensarlo, es usar agua. Pero el centro de una ciudad no es un bosque en llamas, donde una descarga del líquido elemento cae con la fuerza de varias toneladas y se puede extender por un buen número de hectáreas, que varía según el tipo de medio usado, las condiciones climáticas y demás. Como todos sabemos, una fuerza así sobre los tejados de los edificios colindantes al incendio, a mayores de los del siniestrado, es una apuesta segura por su hundimiento. No vale, por tanto, cualquier manera de regar el incendio.

Pero, a lo mejor, tampoco es lo más prudente el uso de mucha cantidad de líquido en un momento dado, porque la piedra se empapa de agua, incrementa su peso y se acrecienta el riesgo de hundimiento en un edificio con las estructuras ya dañadas por el fuego. Como recuerda El País, cuando en 1966 se incendió la Catedral de León, la salvación fue una prudente utilización de las mangueras que evitó el colapso.

Entre incendios y prevención

Vamos a pensar que, precisamente por esa reacción automática frente al fuego antes citada, las muchas peroratas en redes sociales pidiendo más agua y medios aéreos para sofocar el incendio de Notre Dame han sido fruto de la conmoción inicial por el incidente. Pero, en el fondo, ocultan una terrible tendencia del ser humano: opinar sin saber.

Lo conocemos bien quienes nos dedicamos a la Comunicación porque, al fin y al cabo, trabajamos con intangibles y con frecuencia nos encontramos discutiendo nuestros planes o nuestras soluciones con especialistas en otras materias que, de lo nuestro, “saben un montón”. Y, sobre todo ante situaciones de crisis, donde la urgencia te obliga a poner sobre la mesa todos los recursos disponibles sin dudarlo; frente a la improvisación nos toca hacer valer los planes de prevención, la experiencia en casos similares (vividos o estudiados a fondo) o el entrenamiento permanente del equipo asignado al caso; porque el objetivo es salir rápidamente de la crisis con el menor daño posible. Ya ven: una parrafada en la que me refiero a Comunicación, pero que sirve exactamente igual para hablar de bomberos.

 

Por Jesús Ortiz, director del Área de Formación de Estudio de Comunicación España.

@JesOrtizAl

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