Dame un poco de fotochop hija

Dame un poco de fotochop hija
Si yo fuera la dueña de Photoshop estaría feliz. Desde hace semanas no sólo los medios especializados sino principalmente los generalistas y hasta la prensa económica, no hacen más que llevar a titulares el nombre del celebérrimo programa de edición gráfica.
Primero fue por los intentos de los legisladores franceses de someter al peso de la ley su aplicación publicitaria, luego por la reacción de una revista femenina con un redaccional de mujeres al natural, muy recientemente por un malhadado retoque de una firma de moda…
Cuando la rueda parece no tener fin, llega Claudia Schiffer a Madrid a promocionar un perfume y, de repente, me encuentro con que el titular de un reportaje a doble página de La Razón  reza: “Estoy a favor del photoshop”  y dentro la diva defiende la necesidad del retoque en el mundo de la moda… y todo eso conseguido sin pagar un duro.
Esto ocurre pocas veces pero ocurre. Un producto, una marca, una compañía están en boca de todos, cierran telediarios, acaparan titulares y todo sin que medie una campaña de comunicación, sin invertir en medios. Es un verdadero maná caído del cielo, una bendición, un milagro. En este caso, está a punto de convertir Photoshop en genérico de marca y ha conseguido que hasta mi madre me diga “hija, a ver si le das un poco de fotochop a esa foto y me quitas las arrugas”.
Yo tengo en mi habitación mi particular altar casero para rezar por las campañas imposibles pero nada, ni caso. Cuando queremos que una campaña funcione no nos queda más remedio que planificar, dedicar un ímprobo esfuerzo profesional y contar con medios que al cliente le suponen una inversión pareja a los resultados que busca conseguir. Casi todo el mundo entiende que esto es así pero, de vez en cuando, en la estela de éxitos como los del fotochop o el de un viral celebérrimo te encuentras con algún cliente que pretende encargar milagros sin estar dispuesto a invertir en el desarrollo de una campaña y ya se sabe, lo que no se puede, no se puede y además es imposible. La única manera de que todo el monte sea orégano es retocándolo con Photoshop.

ClaudiaSchiffer

Si yo fuera la dueña de Photoshop estaría feliz. Desde hace semanas no sólo los medios especializados sino principalmente los generalistas y hasta la prensa económica, no hacen más que llevar a titulares el nombre del celebérrimo programa de edición gráfica.

Primero fue por los intentos de los legisladores franceses de someter al peso de la ley su aplicación publicitaria, luego por la reacción de una revista femenina con un redaccional de mujeres al natural, muy recientemente por un malhadado retoque de una firma de moda…

Cuando la rueda parece no tener fin, llega Claudia Schiffer a Madrid a promocionar un perfume y, de repente, me encuentro con que el titular de un reportaje a doble página de La Razón  reza: “Estoy a favor del photoshop”  y dentro la diva defiende la necesidad del retoque en el mundo de la moda… y todo eso conseguido sin pagar un duro.

Esto ocurre pocas veces pero ocurre. Un producto, una marca, una compañía están en boca de todos, cierran telediarios, acaparan titulares y todo sin que medie una campaña de comunicación, sin invertir en medios. Es un verdadero maná caído del cielo, una bendición, un milagro. En este caso, está a punto de convertir Photoshop en genérico de marca y ha conseguido que hasta mi madre me diga “hija, a ver si le das un poco de fotochop a esa foto y me quitas las arrugas”.

Yo tengo en mi habitación mi particular altar casero para rezar por las campañas imposibles pero nada, ni caso. Cuando queremos que una campaña funcione no nos queda más remedio que planificar, dedicar un ímprobo esfuerzo profesional y contar con medios que al cliente le suponen una inversión pareja a los resultados que busca conseguir. Casi todo el mundo entiende que esto es así pero, de vez en cuando, en la estela de éxitos como los del fotochop o el de un viral celebérrimo te encuentras con algún cliente que busca un milagro sin estar dispuesto a invertir en el desarrollo de una campaña planificada y con medios y ya se sabe, lo que no se puede, no se puede y además es imposible. La única manera de que todo el monte sea orégano es retocándolo con Photoshop.

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