Del pollo mutante al atún de Fukushima

“En nuestros supermercados se estarían vendiendo latas de atún especialmente baratas, llenas de pescado proveniente de Fukushima y con altos niveles de radiación”. ¡No te lo tragues. Es rotundamente falso!

Así lo afirmaba con toda rotundidad la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) en twitter poniendo de manifiesto que los “mares” de internet se convierten casi a diario en una gran marejada de bulos o hoax donde los retuits sobre alimentos son los más frecuentes. Datos de la Asociación de Internautas sobre bulos y fraudes en Internet deja visible que hasta un 97,2% de los internautas sufren estos bulos, siendo los que más se repiten los relacionados con la salud y la alimentación. Mientras, un reciente estudio sociológico realizado en marzo de 2013 por Myworld, confirma que ante una noticia negativa sobre alimentación el 39% de los consumidores se platean dejar de consumir los productos, o dejan de consumirlos, y hasta un 80% comenta la noticia con su entorno.

Si tenemos en cuenta que el atún, el pan, la leche o el aceite de oliva… son alimentos que consumimos millones de personas y que su reputación puede manipularse en cuestión de horas, sus ventas caer y, mientras, la desinformación subir, la verdad que estamos ante un problema digno de comentar y desmontar donde la Comunicación es clave.

Siguiendo esta línea, La Asociación Nacional de Informadores de Salud (ANIS) y la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB) presentaron, recientemente, el ‘Manifiesto por una Comunicación Responsable en Alimentación y Salud’, con el que se pretende dotar de mayor rigor y objetividad a las noticias e informaciones que se publican en este ámbito, ante la preocupación de que la desinformación en nutrición pueda suponer un “riesgo” para la salud.

Sin embargo, al margen de lo que hagan las grandes asociaciones, las propias empresas deberían plantearse el marcar y definir con claridad “cuasi metodológica” cuál va a ser su política de Comunicación contra estos bulos, que más que grandes crisis, son la “gota malaya” que va minando su reputación.

Tener una política definida en mensajes, estrategia, incluso dar transparencia al igual que se da de otros temas a los bulos que en un año hemos sufrido puede ayudar a que cada una de estos hoax no se tenga que gestionar como algo individual y que la transparencia y rápida reacción de la víctima los vaya poco a poco contrarrestando. Por ejemplo, la multinacional Unilever, productora de varias marcas de margarina, abrió hace poco una página en internet para desmentir hasta 18 falsedades sobre la margarina que circulan por Internet, y entre ellas, la que dice que es casi plástico. Los desmentidos son un clásico ya en algunas empresas y otras, ya ni siquiera le prestan atención a los bulos que se vierten sobre ellas. Probablemente lo hacen en parte porque, a la hora de comunicar, sin duda hay que ser prudente. Pero hay que tener en cuenta que cada vez más las técnicas de desgate en Comunicación se están imponiendo y los que las sufren no deben “sólo acordarse de San Pedro cuando llueve” sino de tener bien abierto al paraguas para que la gota resbale.

 Por Ana Rodríguez, consultora senior de Estudio de Comunicación España.

@Arodriguezgas

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