Desde la ventana de mi móvil

prnoticias, 17/04/2012.-

Tweets, whatsapps, e-mails, Messenger…, disponibles en nuestros smartphones a cualquier hora y en cualquier lugar porque “todos los hombres deseamos por naturaleza saber”, como sentenció Aristóteles, y para ello, en la actualidad tenemos la herramienta más poderosa de las que hasta ahora se han inventado: las redes sociales, de las que no nos hartamos de hablar… ¿o sí?

La ingente cantidad de información que recibimos, enviamos, rebotamos y reenviamos -sin apenas tiempo de asimilarla- y la multiplicidad de medios que utilizamos puede provocar ansiedad, e incluso, lo que el psicólogo inglés David Lewis, ha denominado Síndrome de Fatiga Informativa.

Según los últimos estudios, como el de la firma analista Pew Research, en España, un 42% de la población está en el mundo de las redes sociales, a tan sólo 10 puntos porcentuales de Israel, el país en el que más se utilizan. Unos porcentajes que demuestran el importante grado de penetración de este tipo de herramientas de comunicación en nuestra vida diaria. Pero el dato que realmente nos da idea del grado de exposición que tenemos a las redes, y por tanto, a información continua y simultánea, es que sólo en Estados Unidos 64 millones de ciudadanos utilizan sus dispositivos móviles para comunicarse, y la mitad lo hace diariamente, casi minuto a minuto. Una exposición que puede resultar excesiva e incluso nociva, hasta el extremo de producir “síndrome del mono”, como demuestra un estudio realizado por el International Center for Media de la Universidad de Maryland en el que se sometía a 1000 estudiantes a 24 horas de incomunicación, tras lo cual manifestaban ansiedad, estrés, mal humor, síntomas de adicción.

Y es que nuestro ámbito social ha cambiado radicalmente. Si antes mirábamos el mundo a través de la ventana, ahora son miles de ventanas las que se abren simultáneas y meten el mundo en nuestro ordenador o móvil. Antes, nuestro entorno más próximo se conformaba de amigos, colegas del trabajo y familiares. Ahora mantenemos lazos más o menos endebles con una red de conocidos virtuales con los que compartimos mensajes de todo tipo. Algo a priori bueno, pero que, a la larga puede afectarnos a nuestra capacidad de atención y asimilación de lo que nos rodea y en vez de acercarnos puede llegar a  aislarnos. Es lo que el investigador de la ESADE, Alfons Cornellá, ha denominado “infoxicación”. El deseo de vivir en línea todo el tiempo y manejar altos flujos de información puede provocar la parálisis de la capacidad analítica, ansiedad y dudas que, a su vez, conducen a malas decisiones y conclusiones erróneas en el ámbito laboral y daños en nuestras relaciones personales.

¿Cómo gestionar esta cantidad ingente de información? La respuesta es obvia: tomándonoslo con calma. Desconectándonos un rato: apagar el ordenador, la televisión, silenciar el teléfono y mirar con tranquilidad para poder Ver y reflexionar, aprendiendo a aprehender.

Debemos tener tiempo para analizar y razonar porque el conocimiento “no radica en nuestras impresiones, sino en el razonamiento que hacemos acerca de éstas. Aquí, efectivamente, es posible aprehender el ser y la verdad» (Platón).

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