Preservando la memoria cotidiana. Día Mundial del Patrimonio Audiovisual

Desde 2005 la Unesco celebra el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual. La propia fecha de inicio de esta celebración pone de manifiesto el retraso con el que personas y gobiernos han reaccionado al deterioro irreversible de una buena parte de la producción cultural y documental –el material fotográfico, cinematográfico y sonoro- que encierra de forma absolutamente elocuente la historia, los modelos sociales y culturales, y la memoria de los pueblos.

Desde el siglo XIX, gracias a la fotografía y la cinematografía, la historia de la humanidad tiene imagen  y sonido. Los documentales y el fotoperiodismo han tomado buena nota de todo el acontecer humano, y el cine y la fotografía han retratado la sociedad desde diversas concepciones culturales y simbólicas.

Sin embargo, a lo largo del siglo XX  la destrucción del patrimonio audiovisual ha sido masiva. En el siglo XXI ocurre cada vez menos por un cambio en las sensibilidades… pero también porque cada vez queda menos patrimonio que conservar.

Hoy, con los medios digitales de almacenamiento masivo en constante caída de precio, conservar el patrimonio audiovisual no es tanto una cuestión técnica o presupuestaria como de sensibilidad y decisión política. Existen además las bibliotecas, cinematecas y demás instituciones para las que la conservación no es algo ajeno, sólo necesitan mandatos y dotaciones, bastante modestas, para poder llevar a cabo la labor conservadora con diligencia y eficacia.

El primer periódico en el que trabajé había tirado a la basura cuando se cambió de sede todos los negativos de cristal que tenía almacenados desde el siglo XIX, porque pesaban mucho y ya no servían para nada. Una buena parte del archivo de Kaulak, -el gran retratista español de la política, la alta sociedad y la cultura del final del XIX- acabó también en la basura cuando el local que ocupaba el estudio cambió de uso. Los estudios fotográficos fueron cerrando y enterrando con ellos la memoria de barrios enteros hasta entonces almacenada en sus archivos…

Venimos de unas décadas en las que miles de películas de nitrato se han descompuesto en sus latas y millones de fotografías, discos y grabaciones en cinta se han perdido para siempre. Lo perdido perdido está y ya no vale de nada lamentarse, pero sí es necesario tomar conciencia y aprovechar las facilidades que hoy da la tecnología para conservar la memoria. Pero no sólo la de los grandes acontecimientos que escriben titulares y de los protagonistas singulares, sino también la historia de verdad, que es la que escribe día a día la ciudadanía y se refleja en sus costumbres.

Yo habría jurado que el “todo a 100” lo inventaron los chinos pero hace poco, viendo una fotografía antigua de la calle Fuencarral de Madrid, observé cómo una tienda se anunciaba con un letrero de “Todo a 10, 20 y 30 céntimos”,  todo un pequeño descubrimiento del que nunca hablarán los libros de historia, pero si el material fotográfico y cinematográfico documental… si es que somos capaces de conservarlo para la posteridad.

 

Alberto Mariñas, socio. Estudio de Comunicación.

@amarinas

 

Foto: Flickr

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