Digitalización: ¿Nos estamos entendiendo con los empleados?

Cada tiempo y cada espacio tienen su palabra de moda. Ahora, en el mundo empresarial, la palabra es -sin duda- digitalización.

No hay plan estratégico que no contemple la digitalización entre sus retos. No hay discurso de directivo que no contenga referencias a la necesaria transformación digital.

Como la digitalización es un lugar común en el relato de los directivos, pocos se plantean antes de compartirlo con sus empleados cómo lo entienden, viven y valoran estos. Y hacen mal. Es muy poco frecuente que el director imagine la película que está rodando de la misma forma que el iluminador, la actriz o el extra de las escenas peligrosas.

Para el directivo, digitalización significa sostenibilidad de la capacidad competitiva, sobrevivir en los nuevos tiempos, anticiparse a posibles nuevos competidores. En definitiva, significa ser y estar en el siglo XXI… ¿Y para los empleados?

No es posible responder con rigor a esa pregunta, porque cada organización -y, a veces, cada colectivo profesional que la compone- genera su propia respuesta, de acuerdo con las consecuencias que los empleados anticipan de la misma.

Entre los clientes de Estudio de Comunicación, tenemos empresas cuyos empleados demandan priorizar la digitalización de los procesos en los que participan, porque conocen o intuyen las ventajas que la misma aportará a su trabajo y el aprendizaje que les reportará. Quieren ser agentes activos, coprotagonistas de una digitalización que transformará a mejor sus trabajos y -también, aunque no lo verbalicen- elevará su empleabilidad.

Sin embargo, también tenemos clientes cuyos empleados cuando oyen “digitalización” no escuchan “futuro”, sino todo lo contrario: interpretan “eficiencia”, “reducción de costes” y, ya sin comillas, pérdida de empleos.

Es necesario aclarar que no siempre esas interpretaciones o reacciones tienen una relación veraz con las consecuencias previsibles de la digitalización. Las interpretaciones están condicionadas por la cultura de cada organización y esta siempre es un destilado de los aprendizajes del pasado. Interpretamos el hoy desde el ayer; es muy difícil hacerlo desde el mañana.

Como es obvio, en estas organizaciones “resistentes”, cuánto más entusiasta se muestra el bienintencionado directivo hablando de digitalización, más temores y más rechazos genera entre sus empleados. Una distancia que no ayudará ni la transformación de los procesos ni al incremento del compromiso.

Una vez más, concluimos en la importancia de la escucha, de la comprensión del otro como sustento para ser influyente. Desde la dirección podemos estar convencidos tanto de la necesidad como de la bondad de la digitalización -o de cualquier otro cambio-, pero la clave para liderar la transformación no es cómo la interpreta el directivo, sino cómo la sienten y la valoran “ellos”, aquellos que han de acompañarnos en el camino y que pueden embarrar la ruta hasta hacerla impracticable.

Porque liderar la transformación no es liderar un proyecto: significa liderar a las personas que hacen realidad ese proyecto.

Por Pablo Gonzalo, socio en Estudio de Comunicación España.

@pablo_gonzalo

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