El alto precio de la libertad de prensa

En la era de la tecnología, de la comunicación 2.0, del acceso a la libre información… En esta etapa de la historia en la que el llamado periodismo ciudadano parece haberse puesto de moda y en la que con pocos medios es posible hacer partícipe al mundo entero de un hecho aislado en un lugar remoto gracias a internet… En este mismo tiempo nos encontramos con que aún en muchos lugares queda un largo camino por recorrer. Un camino, en muchos casos, lleno de atropellos, amenazas e intimidación hacia la práctica periodística y los profesionales que tratan día a día de desarrollar su trabajo: informar.

A pesar de que la libertad de prensa es un derecho fundamental, es decir, inherente al ser humano, que se compila en el artículo 19. de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y que se protege en las constituciones de todos los estados democráticos, la realidad demuestra que estas premisas en algunos lugares se convierten en papel mojado. Según informa la UNESCO en decenas de países del mundo aún se produce a diario la censura de publicaciones a través de multas, suspensiones y anulaciones mientras que “periodistas, editores y publicadores son acosados, atacados, detenidos e incluso asesinados” mientras tratan de llevar a cabo sus derechos a la libertad de expresión y de prensa.

Aunque las cifras varían en función de la organización que se consulte, de acuerdo con Reporteros sin Fronteras en lo que llevamos de 2012 se han contabilizado más de 20 muertes de profesionales que trataban de llevar a cabo su trabajo en diez países diferentes entre los que a la cabeza de esta triste lista destacan Siria y Somalia. Sin duda, alarman, a la vez que son representativos de la situación que vive esta profesión, los datos de 2011, año en el que se produjeron 67 muertes en países como Pakistán, Irán, Libia, México, Brasil o Indonesia, entre otros.

Según el Departamento de Estado Estadounidense en su web Free the Press son también muchos los informadores de prestigio a los que en sus respectivas naciones se les trata de censurar, acobardar… para así evitar que desempeñen su labor de servir de altavoz sobre algunas verdades incómodas o simplemente sobre el día a día que viven. Es destacable, aunque sólo es uno entre otros muchos, el caso de la conocida bloguera Yoani Sánchez, premiada internacionalmente gracias a su blog Generación Y. A pesar de que esta mujer se ha convertido en referente mundial por su ingenio para sortear las limitaciones de libertad de expresión y relatar la realidad que se vive en Cuba, quizás aún no son suficientes los que saben o quieren saber que a ella no le está permitido abandonar su país. Y repito, ella sólo es un ejemplo de muchos.

Quizás una de las cuestiones más llamativas de estos documentos rellenos con los nombres de profesionales del gremio que sufren acoso, represión, persecución, etcétera, sea que en ellos aparezcan estados de tintes democráticos y algunas de las principales economías mundiales como México o Brasil en las que se ha pasado en poco tiempo de ser las propias instituciones del Estado las que coartaban las libertades de los individuos, a que lo hagan algunos actores sociales como mafias o grupos terroristas.

Centrándonos en México cabe acentuar que a pesar de las macabras noticias que día tras día aparecen en los medios, parece que desde el gobierno, al menos, hay una voluntad de encontrar una solución y una toma de conciencia sobre un problema que suma la muerte de más de 80 profesionales en la última década y que se postula, según Periodistas sin Fronteras, como el país más peligroso de Latinoamérica para el desarrollo de la profesión de periodista. Como parte de la campaña de lucha contra los crímenes del narcotráfico el Senado de la República Norteamericana, consciente de la cantidad de violaciones que se producen en contra de la libertad de prensa, aprobó el 13 de marzo de 2012 una enmienda al artículo 73 de la Constitución en el que se resalta que “las autoridades federales podrán conocer también de los delitos del fuero común, cuando éstos tengan conexidad con delitos federales o delitos contra periodistas, personas o instalaciones que afecten, limiten o menoscaben el derecho a la información o a las libertades de expresión o imprenta”. Sin duda un primer paso esperanzador para los miles de comunicadores mexicanos que a cada momento se juegan la vida.

Para terminar, a modo de recordatorio me gustaría hacer referencia al discurso que el Presidente Obama pronunció durante la tradicional cena de corresponsales de este año. Entre otras muchas frases magistralmente escogidas, Obama recordó que “la labor de los periodistas es fundamental para la protección de la libertad, la democracia y la forma de vida del pueblo estadounidense”Unas cuidadas palabras que reflejan cuál debe ser el papel de los informadores no sólo en EEUU sino en cualquier parte del planeta. Y es que es una verdadera lástima que más allá de guerras o dictaduras, queden aún países camuflados de democracias en los que al igual que en la obra 1984 de George Orwell, aún siguen existiendo “Ministerios de la Verdad”.

 

Por  Silvia Rodríguez, consultora.

@Silvirs

Foto: Jonathan Rubio

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