El liderazgo no se sujeta sólo con palabras que calientan el corazón

Okdiario.– Ha empezado la desescalada del confinamiento. Un encierro que ha supuesto para millones de españoles una verdadera prueba de fuego. Para nuestros mayores, referentes indiscutibles de fortaleza y generosidad, muchos de los cuales se han ido tristemente sin un adiós de su gente. Para los niños y los jóvenes, la alegría y el futuro de nuestra sociedad, que han tenido que recortar sus alas de vitalidad. Para los sanitarios, bomberos, cuidadores de ancianos y cuerpos de seguridad del Estado, que se han dejado la piel y muchas horas de sueño en salvar vidas. Para los profesores, que han encajado en tiempo récord las piezas de una educación a distancia obligada e improvisada de un día para otro. Para los agricultores, ganaderos y empleados de supermercados, funerarios, transportistas y demás trabajadores del resto de los servicios esenciales que han dado la cara, con mascarillas cuando en ese ir y venir de China han estado disponibles, para que no nos faltara ni siquiera el papel higiénico, un bien que se ha convertido en un símbolo rocambolesco de esta pandemia.

Para todos, han sido 50 días con sus 50 noches difíciles y complicados. Toca ahora volver. Poco a poco, dicen las autoridades. Pero no sé si a esa cacareada nueva normalidad o más bien a una nueva realidad. En cualquier caso, será una situación bien distinta. Y ojalá así sea. Y no me estoy refiriendo a la ausencia de los abrazos, de los apretones de manos, de las reuniones familiares, con amigos y compañeros de trabajo. Todos ellos, gestos y parte de una comunicación necesaria y deseada más que nunca. Más bien me refiero al liderazgo de los gestores de lo público y lo privado.

El Covid-19 no solo va a modificar nuestra manera de relacionarnos y de trabajar, sino que también va a cambiar la percepción de lo que hasta ahora eran los principios básicos del liderazgo. Porque si hay una lección, y espero que así sea, que todos deberíamos haber aprendido en este largo periodo de “anormalidad”, es la de que ya están caducos los liderazgos políticos y empresariales del postureo, de la improvisación sin reflexión, de las declaraciones huecas llenas de términos acuñados de manera machacona pero vacíos de realidad, del decir y no hacer, del hablar y no escuchar, del recibir y no dar, de intimidar y no acoger.

Ya lo dijo el gran Mandela “La búsqueda ciega de la popularidad no tiene nada que ver con la revolución”.  Y ejemplos hay del norte al sur y de todos los colores. Desde ese traguito de lejía del presidente Trump, al resfriadiño de Bolsonaro, pasando, por qué no decirlo, por ese incentivar desde el Gobierno a la ciudadanía española a asistir a grandes manifestaciones cuando ya eran evidentes los primeros estragos del Covid-19 o la celebración de Asambleas multitudinarias, en España y fuera de ella, por parte de alguno de los partidos que hoy integran nuestro colorido y diverso mapa político.

Errores cometemos todos. Y no deberían de ser un problema para el liderazgo, pues los lideres non son, ni deben pretender serlo, super héroes. Esos solo salen bien parados en los cómics. No reconocer las equivocaciones desde la humildad, el respeto hacia los otros y la transparencia sí es un gran problema. Es justo todo lo contrario lo que, a mi juicio, es una de las bases que debe sustentar el liderazgo efectivo en instituciones y empresas. Liderazgo es el que se dirige al cerebro desde el corazón, siempre con hechos y realidades contrastables, para ganarse el respeto y la credibilidad. Y en este punto la Comunicación se erige como una excelente vacuna. Porque el liderazgo no se sujeta con palabrería de telepredicador, con discursos mejor o peor construidos, sino con resultados concretos, siendo el mejor e intachable ejemplo de aquello que se dice y con pellizcos al corazón de aquellos a los que se dirige el líder, a quienes ante todo debe escuchar.

«Es la hora de demostrar hechos, resultados y capacidad como ya muchas empresas lo han hecho»

En comunicación, a los líderes ya no les valdrá solo con arengar a las masas con palabras como solidaridad o empatía, que solo calientan el alma. Porque las palabras se las lleva el viento y el papel, como dice un buen amigo, lo aguanta todo. Es la hora de demostrar hechos, resultados y capacidad como ya muchas empresas lo han hecho, y continuar con una visión estratégica y un gran pragmatismo haciendo realidad con acciones de verdadera ecología social el pilar de la responsabilidad social corporativa: contribuir activa y voluntariamente a la mejora social, económica, ambiental y de los derechos humanos.

Nunca como ahora la globalidad es mucho más que una realidad. No solo los españoles sino todos los ciudadanos del mundo enfrentamos un nuevo camino. Todavía con grandes incertidumbres sobre el comportamiento de ese mal bicho Covid-19, pero también con algunas lecciones vitales aprendidas. Me quedó con esa reflexión de Peter F. Drucker, uno de los mejores pensadores del siglo XX: “La gestión es hacer las cosas bien, pero el liderazgo es hacer las cosas correctas”.

Charo Gómez, Socia en Estudio de Comunicación

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