El mensaje que encierran las palabras

¿“Estar de acuerdo” es lo mismo que “querer” algo  o, mejor aún, “ejecutar” algo? No he dejado de dar vueltas a esta pregunta estos días al socaire del referéndum en Escocia. Aunque los escoceses han dicho NO, no es el objeto de estas líneas una observación política de la situación ni de las consecuencias del resultado ni de nada que se salga del más puro análisis sobre lenguaje y comunicación y, en paralelo, sobre ambigüedad y transparencia.

Supongamos que una pareja se presenta ante quien deba oficiar su matrimonio y que éste les pregunta: “Fulanito: ¿está usted de acuerdo en casarse con Menganita?”. Fulanito podrá decir que de acuerdo, lo que se dice de acuerdo, está; pero que no se dan las circunstancias para hacerlo. O sea: es la diferencia entre compartir una opinión y vincularse a ella.

Dirán ustedes, y con razón, que otro tanto puede pasar con el verbo querer: “hombre: querer sí quiero; pero déjelo usted estar porque ahora mismo no puedo”. Lo bueno es que, al menos en castellano, el verbo tiene varias acepciones perfectamente válidas, de las que podemos estimar un par de ellas: “desear”, por un lado, y “resolver, determinar”, por otro. Así que “quiere usted” (do you want) me resulta más resolutivo que “está usted de acuerdo” (do you agree). Supongo que también en la lengua de Shakespeare.

Creo que la ambigüedad calculada es algo generalmente contrario a la transparencia. Y en esto de las “preguntas trascendentales” las palabras imprecisas florecen por doquier. Bien lo de una sola pregunta; pero, por favor, directa. No imagino una pandilla de amigos donde uno de ellos diga “¿estáis de acuerdo con que nos tomemos unas cañas?” o “¿queréis que nos tomemos unas cañas?” en vez del simple, llano y directo “¿nos tomamos unas cañas?”. Quien responde no tiene duda alguna de lo que significa un ‘sí’ o un ‘no’. Vale: ya sé que no hay un verbo simple en inglés que se traduzca por “independizar”, así que siempre habría que utilizar auxiliares unidos a las palabras “independencia” o “independiente”; pero hay maneras, seguro.

Ya decía Saint Exupery en El Principito que “la palabra es fuente de malentendidos”. Se lo señalaba el zorro al niño estelar para explicarle qué era “domesticar”, en el sentido de crear lazos, de “conectar” con él. El pasaje me parece toda una lección de Comunicación… ¡y de qué manera tan hermosa aplica el concepto de que es preciso comunicar desde el punto de vista del receptor, desde su disposición a escuchar y comprender o no nuestro mensaje! Todo lo contrario a la ya citada ambigüedad calculada.

Por Jesús Ortiz, consultor sénior de Estudio de Comunicación España

@JesOrtizAl

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