¡En una fusión, todos a una!


Diario Abierto, 28/05/2012.-
 Lo que fue un atisbo de transformación del panorama financiero español en el año 2009, cuando las primeras cajas empezaron a fusionarse, se ha convertido hoy en una nueva realidad del sector de la banca. Desde entonces, son ya cuatro las reformas que se han planteado, dos de ellas por el Gobierno de Mariano Rajoy. Sin embargo, la aprobada hace tan sólo tres meses, mediante Real Decreto Ley de saneamiento del sistema financiero del 3 de febrero, no ha sido suficiente para recuperar la credibilidad y convencer a los mercados internacionales que, además, han visto agravada la situación con la intervención del Estado de la cuarta entidad financiera del país, Bankia. Todo ello ha dado como resultado un panorama preocupante que ha hecho necesaria la segunda reforma financiera planteada por el Gobierno el pasado 11 de mayo. A partir de este momento, las entidades bancarias tendrán que elevar las provisiones ante el riesgo de sus activos inmobiliarios y, todo apunta también, a que proliferarán nuevas fusiones y el mapa del sector experimentará diversas transformaciones.

Cuando dos compañías unen sus patrimonios y forman una nueva empresa por medio de una fusión, o, en el caso de una adquisición, cuando una compañía compra las acciones o activos de otra y toma su control, el objetivo final es crear valor, obviamente, siempre que sea mayor el de la empresa resultante que el que tienen las compañías de por sí. Pero definir este valor para considerar el éxito empresarial de una  operación de estas características no es sólo una cuestión aritmética de suma de activos, sino que es necesario también tener en cuenta otros aspectos. De las 13 acepciones de la palabra ‘valor’ que contempla el diccionario de la Real Academia Española, la primera dice que es “el grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite”. En todo proceso de fusión, por tanto, no es suficiente tener en cuenta las características tangibles de la operación sino otros valores que puedan sumar y algunos de ellos serán aportados por los trabajadores que la conforman. Lo cierto es que éstos tendrán que enfrentarse a un futuro incierto y desconocido que conllevará consigo inevitables cambios e incertidumbres y  sólo si los empleados de las organizaciones inmersas en el cambio no se resisten ante él y comienzan a fomentar y sentirse parte de una nueva entidad, con una cultura empresarial propia, se alcanzará el éxito empresarial y se creará valor para los accionistas. Para todo ello es un factor decisivo la Comunicación, pues ayudará a transmitir adecuadamente la estrategia de la Compañía en la etapa que comienza a los diferentes públicos.

Cumplir las promesas que se hacen sobre las sinergias que una fusión no es fácil y es necesario evaluar con antelación el impacto que puede tener sobre los grupos de trabajadores de las dos compañías que van a unirse. Integrar plantillas de dos empresas fusionadas y prepararlas para que pasen a formar parte de una misma cultura corporativa no es una labor sencilla, pero sí abordable con la aplicación de una Comunicación interna adecuada. Lo contrario puede convertirse en un error de gran calibre que termine provocando el fracaso de la operación. No olvidemos que lo que se une puede terminar separándose, o que, aun manteniendo la integración, la desmotivación de la nueva plantilla, la lucha entre los de un lado y otro y la falta de coordinación, puede acarrear un resultado que afecte de forma negativa a la correcta evolución de la nueva sociedad.

Simultáneamente a los aspectos financieros, legales y jurídicos, en una fusión debe planificarse el trabajo de Comunicación. Interna y, sin duda, también la Comunicación externa, para establecer el diálogo con los mercados y trasladar los términos de eficiencia y rentabilidad a sus stakeholders principales como son los accionistas, clientes e inversores. Pero nunca pueden olvidarse los empleados, pues estos necesitan conocer la versión oficial de la compañía y sentirse implicados. Tienen que recibir un mensaje homogéneo, veraz y creíble para poder hacer frente a los probables y casi inevitables rumores que se producirán en el proceso. Los trabajadores tienen que  sentirse importantes y tener claros los nuevos valores y la misión de la nueva organización. La nueva estructura de la compañía puede asentarse sobre sólidas bases empresariales pero éstas podrán tambalearse si no se definen las responsabilidades de la nueva organización y no se evitan los posibles conflictos internos que puedan producirse.

En definitiva, una Comunicación profesional, clara y transparente, es una herramienta esencial en procesos de cambio como el que implica una fusión o adquisición de cajas, y creará un valor determinante que se reflejará en el éxito empresarial de la operación y en la realidad económica de la nueva entidad.

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