Gratis, ¿sí trabajo?

No es nuevo para nadie que una de las etiquetas (de las de almohadilla  aclaro) que últimamente más ha corrido por las redes sociales es la de #GratisNoTrabajo, en referencia a los contratos basura (a veces ni eso) que están padeciendo los periodistas más jóvenes. Es imposible no estar de acuerdo con los muchos tuits de desesperación relatando tropelías de empresarios sin escrúpulos y quejándose de la situación.

Me ha sorprendido -y contrariado, no voy a negarlo- el tuit de uno de los más activos luchadores digitales contra las infames prácticas. Decía algo así como “Crean una copia de la web del Senado de España (500.000€) con tecnologías libres (0€)”. No es textual, pero el sentido y las cifras eran esos. A partir de aquí, por supuesto, bronca al Senado por gastarse una pasta gansa, a la o las empresas que lo desarrollaron por “abuso”, etcétera, etcétera.

Dicho tuit, y otros parecidos, acumularon cada uno cerca de un millar de retuits en unas horas. Ni que decir tiene que a los desarrolladores de la web les llamaron de todo, menos bonitos. Con la curiosidad por bandera, me asomé a la clónica: es verdad que es muy parecida. Y miré los datos del creador de esta última: su trabajo consiste en ver si mediante herramientas con licencias libres puede hacer el mismo trabajo que con las que tienen licencias de pago. Y ahí encontré que las licencias pagadas por los desarrolladores de la página del Senado no son medio millón de euros, sino la mitad. Es decir, y para empezar: marchando otra de retuits sin leer; nadie debería “indignarse” con titulares y darle compulsivamente al renviar antes de analizarlos.

Las buenas herramientas de software cuestan dinero porque siempre hay un equipo humano que las crea, desarrolla, comercializa, da servicio técnico… Alguien me dirá que el software libre también está hecho por personas que viven de ello, ya… Por tanto, lo que diferencia la situación son los objetivos de las compañías que producen uno u otro tipo de herramientas y que, con sus rendimientos, pagan los sueldos de los trabajadores. ¿Se piensa en cómo pueden ser esos objetivos para quienes venden frente a quienes regalan? Es una parte de la reflexión, porque la otra me lleva a estar convencido de que, por ejemplo, en materia de seguridad informática, una institución de un Estado no puede arriesgarse a trabajar con programa de código abierto. Y además… ¡qué caramba! Las versiones Premium de estos programas, las que de verdad permiten trabajar con ciertas garantías, también cuestan.

Pero volvamos al tuit activista inicial: si el coste total del trabajo es medio millón y se compara con lo que cuesta una licencia libre, que es cero, ¿dónde queda el trabajo de diseñadores gráficos, comunicólogos, desarrolladores, mantenedores, técnicos…? Porque copiar es relativamente sencillo si se pretende reproducir un buen trabajo realizado por personas que… ¿tendrían que trabajar gratis? Parece que de “esclavo” a “negrero” sigue habiendo un solo y triste paso.

Por Jesús Ortiz, consultor senior. 

@JesOrtizAl

 

Foto: Flickr

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