Internet, no. Lo siguiente

Desde hace más de 20 años, ese milagro tecnológico conocido como la red de redes ha permitido a la humanidad compartir distintos saberes de una forma exponencial nunca vista antes. Es el llamado Internet de la información. Sin embargo, el siguiente nivel que ya se está creando es el conocido como Internet del valor. Una nueva capa que cuenta con una herramienta, Blockchain, que promete ser más disruptiva que la anterior revolución que ha transformado sectores industriales completos, como el turismo, el transporte, la distribución o los medios de comunicación.

Pero como todo en la vida, las cosas no son inmutables y tienden a transformarse. E Internet, por su propia naturaleza, no podía ser una excepción. Ahora parece que se avecina una etapa de descentralización en la que, según los expertos, el ‘poder’ va a pasar de las grandes empresas tecnológicas, los Google, Twitter o Facebook, a las personas individuales y a otras compañías de nicho.

La clave de Blockchain reside en el modo colaborativo de operar, en el que la información se distribuye con total transparencia por todo el sistema, lo que, por ahora tiene evidentes aplicaciones para el sector financiero (mercado de capitales y banca, entre otros) pero que, en el futuro, puede ser replicado por otros campos de actividad que pueden, a la postre, cambiar la forma en que los clientes consumen los diferentes productos y servicios.

Obviamente, los cambios no sucederán de la noche a la mañana y ni siquiera está claro que lleguen a producirse de esta manera. Aquí cabe recordar los errores de apreciación que se produjeron en su día al tratar de vaticinar en sus comienzos cómo evolucionaría Internet en el futuro.

La importancia de Blockchain reside en que se trata de una herramienta, aún en fase incipiente de desarrollo, que permite construir sobre Internet, elaborar un nuevo entorno en el que interactuar para que las personas, de una forma independiente, puedan intercambiar valor entre ellas.

Un ejemplo de ello sería el sector asegurador que, para los entendidos en la materia, podría evolucionar radicalmente en el futuro si esta herramienta se completa con las ventajas añadidas que supone la utilización, por ejemplo, del big data y la inteligencia artificial.

El futuro nos deparará nuevas formas de aproximación tecnológica a la realidad que en estos momentos, y en el mejor de los casos, sólo conseguimos barruntar o atisbar. Pero lo que sí parece estar claro es que siempre necesitaremos de la interpretación de un experto, por ahora humano, que sepa cómo aprovechar ese maremágnum de datos y cifras para darles sentido y que, en definitiva, sean de utilidad para las diferentes compañías interesadas en su aprovechamiento comercial.

Por Fernando Geijo, consultor sénior de Estudio de Comunicación España

@fergeijo

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