La Comunicación también deja huella

Aunque pueda parecer lo contrario, la comunicación también genera huella de carbono. FTI Consulting ha publicado recientemente un informe en el que explica que el impacto medioambiental del tráfico digital ya se aproxima a los niveles de contaminación de las industrias más pesadas. El rastro que dejan los datos empieza a preocupar a autoridades y a compañías de telecomunicaciones. Según la mencionada consultora, cada minuto se envían 150 millones de mensajes y se realizan 2,4 millones de búsquedas en Google, mientras los usuarios de Facebook y Twitter están actualizando sus perfiles. Todo ello supone consumo energético y emisiones de dióxido de carbono (CO2).

Canales como Netflix -que generan tráfico y almacenamiento de datos-, el uso creciente de IoT (el Internet de las cosas) y la proliferación de los smartphones contribuyen al 2% de la emisión mundial de gases de efecto invernadero. FTI Consulting indica que cada email genera 4 gramos de dióxido de carbono, por lo que 65 envíos a través de correo electrónico equivalen a recorrer un kilómetro en coche. La Comisión Europea apunta que los centros de datos y los servidores virtuales usan 5.000 megavatios por hora, un 35% de la energía consumida por el sector de las telecomunicaciones. Además, esta es una tendencia al alza, ya que se calcula que hasta 2020 el volumen de datos se multiplicará por diez.

Los expertos subrayan que el aumento de comunicación digital previsto supondrá un notable desafío para los gestores de estas compañías. Para ello, les sugieren empezar a implicarse en asuntos de política energética. El estudio de FTI revela que los centros de datos suelen usar sus propias fuentes de energía renovable y no recurren a las existentes. Así, Facebook, Apple y Microsoft ya están invirtiendo parte de sus presupuestos en reducir su huella medioambiental, mientras que Google afirma que en los últimos diez años ha desarrollado novedosas técnicas de eficiencia energética que aplica a sus centros de datos.

Debemos ser conscientes del problema que estamos empezando a generar. Y ser conscientes implica valorar si antes de generar tráfico de datos digitales -que tienen como consecuencia la emisión de dióxido de carbono-, podríamos comunicarnos por otra vía o hacerlo igualmente a través de nuestro Smartphone, pero sin generar un impacto en el medio ambiente de tal magnitud. El planeta lleva años enfrentándose a los problemas derivados del cambio climático y toda colaboración es poca. Tenemos en nuestras manos la oportunidad de hacer de la Tierra un lugar más sostenible, tanto para nosotros como para las próximas generaciones.

Por Biel Huguet, consultor de Estudio de Comunicación España

@BHuguetAlbons

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