La ética del CEO

La abrupta caída del presidente ejecutivo de Renault y a su vez presidente de Nissan y Mitsubishi, Carlos Ghosn, detenido en Japón por presunta evasión fiscal, ha generado un efecto tsunami en el sector automovilístico y en la cotización bursátil de las dos compañías, que han registrado importantes caídas. Ghosn, una de las figuras más conocidas de la industria automovilística mundial, no es un ejecutivo corriente: preside una alianza entre Nissan, Renault y Mitsubishi que funciona en temas clave como una sola empresa y fabrica uno de cada nueve autos que se venden en todo el mundo.

El declive de este carismático gurú y la inmediata reacción de Nissan y Renault demuestra el impacto que el comportamiento ético de los directivos tiene en la reputación de una marca y la convicción, como señaló el premio Nobel de Economía, el indio Amartya Sen, de que la ética económica es un factor indispensable para el desarrollo de las economías del mundo.

La ética empresarial se ha convertido en el siglo XXI en un tema de opinión pública. Los medios de comunicación son muy sensibles a cualquier tipo de comportamiento reprobable, fraude o corrupción y el escrutinio de los stakeholders es constante, generando una especie de “tolerancia cero” a cualquier infracción grave. Los directivos de una empresa tienen una responsabilidad especial. Han de ejercer su liderazgo de forma intachable y predicar con el ejemplo.

Muestra de esta sensibilidad del conjunto de la sociedad hacia cualquier atisbo de malas prácticas o de comportamiento fraudulento es el progresivo aumento en los últimos años de altos ejecutivos que se han visto obligados a renunciar a sus cargos por cuestiones éticas. Un estudio de Price Waterhouse Coopers, que ha analizado los relevos producidos en la jefatura de las 2.500 mayores empresas del mundo en la última década, resalta cómo las dimisiones debidas a infracciones éticas pasó del 3,9% en el periodo 2007-11 a un 5,3% en el periodo 2012-16, un 36% más, como resultado de un mayor escrutinio público pero también por el aumento de las obligaciones de rendir cuentas que se han impuesto en todos los ámbitos de la empresa.

Por Adolfo Lázaro, consultor sénior en Estudio de Comunicación España.

@alazaro_m

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