La necesidad de comunicar bien

El Publicista, 29/12/2010.- Artículo de Yolanda Fernández, Consultora Senior de Estudio de Comunicación.

Hace poco escuché una conferencia de Benjamín Zender, director de la orquesta filarmónica de Boston, y un gran comunicador que imparte conferencias por todo el mundo sobre liderazgo utilizando la música para que las personas abran su mente. Me sorprendió su dominio del lenguaje, de la expresión corporal, de la escena, su entusiasmo, su manera de transmitir claramente sus ideas y de “meterse al público en el bolsillo”.  

Es evidente que determinadas personas tienen una capacidad innata para liderar; de hecho, según Zender, “todos tenemos la oportunidad cada vez que hablamos de ser un líder”. Para aprovechar al máximo estas oportunidades, existen técnicas y herramientas que se pueden aprender para dominar diferentes situaciones en las que tenemos que hablar ante un público, como ruedas de prensa, entrevistas, declaraciones o conferencias.

Son muchos los directivos que por determinadas razones se convierten en portavoces de sus empresas ante los medios de comunicación, unas veces debido a su cargo y otras, como consecuencia de situaciones inesperadas acontecidas en su ámbito de responsabilidad. Y, entre que no siempre tienen tiempo para reaccionar, caso de crisis, o que no están preparados para ello, sólo unos pocos sacan partido a su faceta mediática.

Por todo esto, es importante que los portavoces en cualquier ámbito, ya sea empresarial, social o político, manejen los instrumentos necesarios para llegar a sus públicos y transmitir adecuadamente sus mensajes. Han de saber que además de conocer bien el asunto del que se habla, es necesaria una buena dosis de energía, capacidad de reacción, entusiasmo y un claro dominio de la expresión verbal y corporal.

Hasta aquellas personas con extraordinarias dotes para la comunicación les conviene formarse para ejercer de transmisores de información, ya que no hace falta ser un líder para comunicar adecuadamente. Muchos ejecutivos confiesan que tienen miedo a relacionarse con los medios de comunicación por si tergiversan sus palabras, pero para evitar eso nada mejor que seguir algunas reglas básicas, más cercanas al sentido común que a otra cosa, como tener claros los mensajes, transmitir organizadamente la información, preparar las respuestas a posibles preguntas, resumir conceptos, definir los objetivos de la comparecencia, ajustar la exposición al tiempo previsto y conocer al público receptor.

Es importante saber que un periodista siempre busca titulares y que trabaja para su audiencia, por lo tanto si se les convoca, debe ser para darles una noticia y a ser posible facilitarles titulares a través de nuestros mensajes; titulares que les sirvan. Si no queremos que algo salga publicado, no debemos decirlo, ni durante la entrevista ni al terminarla y hay que tener siempre en cuenta que no siempre es fiable el “off the record” o, al menos, en el medio plazo (el oficio de periodista es buscar información y transmitirla; tiene que tener una buena razón para no hacerlo). Y una regla de oro: no mentir.

Además, un portavoz debe estar pendiente de su expresión corporal y saber controlarla, puesto que los gestos transmiten información de nuestro estado, lo mismo que la apariencia, la indumentaria y el tono de nuestra voz.

Para mantener a raya los nervios propios de una entrevista o de una comparecencia pública, que pueden hacer que los gestos nos traicionen, existen técnicas de respiración muy efectivas, así como mantener el contacto visual con el auditorio, evitar movimientos y tics nerviosos, mostrarse cercano y natural, transmitir seguridad y confianza y disponer de un buen material de exposición o de buena documentación. Pero sobre todo tranquiliza conocer bien el tema a desarrollar y tener estructurado como contarlo.

En cuanto a la indumentaria, un representante corporativo que comparece ante una audiencia, debe mostrar una apariencia acorde a su cargo y que ésta no destaque más que su mensaje, a menos que ése sea el objetivo.

Explicarse con palabras y frases comprensibles y exentas de tecnicismos, a menos que la audiencia sea experta, y siempre que no se pierda ni el rigor ni el contenido del mensaje, es una de las claves de los buenos oradores. Asimismo, es aconsejable emplear construcciones sencillas y sin demasiadas oraciones subordinadas. También lo es vocalizar con claridad y controlar el tono de voz.

Nadie nace aprendido, y un líder debe saber comunicar. Trabajando profesionalmente en ello, se pueden conseguir grandes progresos. 

Puede ver la reseña aquí.

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