La palabra como prueba


prnoticias, 02/12/2011.-
  Todos conocemos o sabemos de alguien que ha tenido que enfrentarse al reto que supone un litigio y el momento de crisis que supone verse en esta situación. Tanto para el individuo como para la empresa pasar por un proceso judicial supone un (mal) trago.

No en vano entre los juristas es común la frase “juicios tengas y los ganes”. Ante un litigio, no hay duda, es imprescindible contar con profesionales que nos asesoren si queremos pasar el proceso con el porcentaje más alto de éxito.

Para empresas, entidades y personas con proyección pública es tan fundamental contar con un buen asesor jurídico como tener a nuestro lado a un profesional de la comunicación en litigios. El juicio mediático que surge de forma paralela será casi seguro más duro y parcial que el proceso legal en el que estamos inmersos. Los hay más y menos conocidos, pero todos tenemos en la retina ejemplos, nacionales e internacionales, de personas saliendo de sus casas u oficinas esposados. Algunas de ellas, personas que finalmente terminaron libres de cargos.

El daño generado por esas imágenes es difícil de resarcir, aunque luego se demuestre que nunca hubo culpa. Por ello, la mejor baza en estos casos es la prevención, la planificación y una estrategia bien definida de forma conjunta con el equipo jurídico en donde se tengan en cuenta aspectos como el mensaje, el escenario, si habrá cámaras y periodistas a la salida de una vista, si está permitida la entrada al público en un juicio, si la parte contraria realiza declaraciones a las puertas del juzgado, etcétera. Si bien es el departamento legal quien lidera todo el proceso, su estrategia no debe dejar a un lado la comunicación. Son ya varios los casos en que el juez instructor ha tenido que ampliar el número de imputados o de testigos por las declaraciones que personajes públicos y privados han realizado a los Medios de Comunicación. En estos casos, la palabra se convierte en prueba.

No siempre unas declaraciones o unas grabaciones será admitidas en un litigio, pero sí constituyen una prueba mediática de peso que como tal es capaz de calar en el ánimo de todos los actores que intervienen en el juicio pues, más allá de sus cargos, son personas con sentimientos y opiniones y forman parte de una sociedad influenciada por los Medios de Comunicación, en donde la prensa, la televisión e Internet tienen un papel destacado.

Las redes sociales y los buscadores han transformado el concepto de memoria colectiva. Si bien antes había que acudir a las hemerotecas para traer al presente algo que se publicó hace días, ahora cualquier vídeo, noticia, blog, post o tweet permanece en el ciberespacio al alcance de un click durante meses. Toda esta información es localizable y medible tanto cualitativa como cuantitativamente y, llegado el momento, incluso puede constituir una prueba legal, ya sea a nuestro favor o en contra.

Por otro lado, no sólo es necesario tener en cuenta lo que decimos sino a quién va dirigido. Los cambios que se han producido en las redacciones de los Medios, ya sean derivados de la crisis económica, laboral, publicitaria, de soportes o de todas ellas, tienen como consecuencia que no siempre encontraremos al otro lado un periodista con la formación deseada en litigios. Esto le llevará, muy a su pesar, a cometer errores de interpretación o de procedimiento. Nuestro trabajo, lejos de exigir una rectificación o culparle porque la información publicada no es correcta, está en ayudar, simplificar y explicar lo mejor posible nuestra postura e incluso la fase en la que se encuentra el proceso.

No estamos obligados a responder a todo. Pero, desde luego, no debemos adoptar la actitud del avestruz de no coger el teléfono y dejar que el chaparrón pase por sí solo. Pasará sí, pero el daño que tenga sobre nuestra reputación será irreversible. Se trata de definir, planificar y concretar los mensajes y los ejes que nos guiarán durante todo el proceso. Mejor aún si se planifica antes de que llegue el momento de crisis. La antigua frase romana si vis pacem, para bellum (si quieres la paz, prepárate para la guerra) es ejemplar en estos casos.

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