Los Medios como campo de batalla

Todos conocemos las “guerras de declaraciones” que vienen siendo consustanciales con los Medios desde que se empezó a generalizar el periodismo impreso multigénero en el siglo XIX y más, si cabe, con la llegada de la radio en los primeros años del XX. Pudiera decirse que forman parte del espíritu periodístico tanto en cuanto lo que dice una persona en su nombre o en el de un colectivo, siempre que sea del interés de la opinión pública y se refiera en sentido negativo a otra persona u organización, puede ser contestado y es misión del periodista prestar atención a esa respuesta e investigar si las declaraciones se basan en verdades o en medias verdades con oscuros intereses.

En el sentido antes descrito, los Medios son un campo de juego, más que de batalla, donde el periodista ejerce de árbitro. Como mucho, siendo extremistas, un campo de honor en el que los duelistas respetan las normas que les impone quien debe velar por facilitar información veraz.

Desafortunadamente, la situación económica que padecemos está también degenerando esta práctica: empresas que mandan comunicados punzantes a sabiendas de que van a ser contestados por organizaciones sindicales con la supuesta intención de llevar ventaja en las negociaciones, sindicalistas que escenifican “líneas rojas” esperando la confrontación con empresas en dificultades y justificando su “lucha” mientras acuerdan condiciones con lo que hay, organizaciones o personas que sueltan “bombas informativas” un tanto opacas para desactivar las amenazas de quienes pretenden contar determinados entresijos que no favorecen a los otros…

Me recuerdan, en ocasiones, esas prácticas bélicas de hacer saltar por los aires algunas defensas para ganar tiempo o las de dinamitar una fortificación para que, emprendida la retirada, el enemigo no encuentre ni un muro en pie donde guarecerse. Pero resulta que ni la Comunicación debe ser un arma ni los Medios un campo de batalla.

Habrá a quienes esa última afirmación les resbale porque, en el fondo, son felices embarrándolo todo o porque están tan hundidos en el fango que les da igual salpicar a propios y extraños. Pero a quienes nos corresponde colaborar con las empresas para definir qué quieren decir a la sociedad y cómo y cuándo hay que decirlo, nos empieza a alertar el peligroso mimetismo que estamos detectando en algunas compañías. Y no: las voladuras supuestamente controladas no son un buen ejemplo en Comunicación responsable ni los Medios el campo de batalla donde soltar las cargas.

Por Jesús Ortiz, consultor sénior

@JesOrtizAl

Foto: Gluemon

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