No hay libertad sin riesgos

No, no la hay ni con las nuevas tecnologías. Y los principales peligros son para la libertad de información y la privacidad de las comunicaciones. Creo que no es necesario acudir a demasiados ejemplos que están en la mente de todos.

Creíamos, ilusos y confiados, que Internet era el campo perfecto al que ponerle puertas era inútil. Y ya se ve que no. No sólo porque países como China, Cuba o países de tinte islamista tienen sus salidas bien marcadas sino porque algunos de los operadores practican una especie de connivencia con los poderosos que los protegen y se lavan las manos sobre lo que guardan y enseñan con el mero pretexto de que sólo son “depósitos”. Asimismo, algunos servidores de contenidos informativos malean el producto ignorando algunos requisitos éticos, como la verdad, y otros simplemente fabrican contenidos basurientos en abuso flagrante de la libertad que disfrutan, o roban contenidos literarios y artísticos  con los que comercian con total impunidad.

Es en las redes donde más se evidencian estos riesgos: insultos, mentiras y desinformación venenosa con escaso remedio legal por el momento, sin más antídoto que la reacción pronta y eficaz, que aunque difícil y costosa, se hace necesaria. Así que las empresas, instituciones e individuos tienen que estar en esa batalla para defender y salvaguardar sus propios negocios y su reputación. Les va mucho en ello.

Claro que también está, como ha sido y es inevitable, el tráfico fraudulento de datos con fines comerciales. Así, un conocido magnate de los medios pagó cientos de millones de euros para comprar una red con cientos de millones de usuarios. La razón de la compra la dio el propio comprador sin el menor rubor: “Lo que he comprado son muchos millones de datos que me van a ser muy útiles”.

Y si consideramos la invasión de nuestra privacidad, teóricamente sagrada, lo que aparece en los medios estos días no puede ser más preocupante. De lo que hacen la NSA, que justifica su jefe Alexandre, y otros organismos similares, hasta lo que filtran Assange y Snowden, protegido éste y asilado  por un país cuyo presidente entrega a sus colegas en las grandes cumbres pendrives con virus troyanos.

En resumen, que la libertad, también en la Red y en las redes pasando por la telefonía móvil, tiene claros enemigos y “amigos” de cuidado que se aprovechan de ella. Nada nuevo salvo la tecnología, que aún tampoco discierne sobre su buena utilización.

Así que manos a la obra, la de defensa de este nuevo campo de libertad cibernética y global por quienes crean en ella. Los que no creen ya hacen lo suficiente para que no exista.

Por Ramón Almendros, director de Estudio de Comunicación. España

@RamonAlmendros

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