El peligro de las redes sociales era esto

“Las redes sociales sirven para que alguien (un ente al que no ponemos nombre) nos conozca y saque partido económico de ello”. Es una afirmación que está en boca de todos. La pronunciamos por doquier pero no somos del todo conscientes de lo que significa. Sólo cuando, tras pinchar en una noticia o en un anuncio a través de una red social, recibimos multitud de impactos relacionados, en nuestro propio email o en las páginas que visitamos en internet.

Ahí llega nuestra conciencia. Hasta que ocurre un escándalo como el que acabamos de conocer gracias a la labor de dos periódicos de renombre: The New York Times y The Guardian´s Observer. Estos medios, en un ejercicio brillante de periodismo, han averiguado que 50 millones de usuarios de Facebook han sido “espiados” por la consultora Cambridge Analytica para conocer en profundidad sus perfiles y poder influir sobre su intención de voto en las elecciones estadounidenses. Y todo, sin dar ningún consentimiento. Ilegalidad. Sin más.  Es un escándalo mayúsculo del que Facebook se ha hecho el sorprendido e indignado pero que, al parecer, no le era ajeno.

Así, los inversores en un signo de evidente desconfianza han retirado su dinero de esta empresa y sus acciones han caído estrepitosamente. También las cosas se le han complicado a Marck Zuckerberg en el terreno político: tanto el Parlamento británico como el europeo y la Comisión Federal del Comercio de EEUU han pedido que comparezca para que dé explicaciones.  Y no tiene una explicación fácil porque este episodio plantea un sinfín de preguntas y pocas respuestas claras. Preguntas sobre el procedimiento de control de datos que han seguido, pero también sobre los que aplicarán a partir de ahora.

¿Vamos a poder confiar y contar alegremente quiénes somos, cuáles son nuestros gustos, aficiones, deseos en las redes? ¿O tal vez deberíamos dar un paso atrás y dejar de exponer nuestra vida de manera pública? Esto parece complicado así que necesitamos saber qué mecanismos de control reales aplican los gigantes de las redes sociales para cuidar nuestra intimidad y qué mecanismos van a exigir los gobiernos a estas empresas para protegernos.

Mucho está en juego: que nos controlen sin que demos nuestro consentimiento para influir en nuestras intenciones de compra y, lo que es peor, de voto. Y sí, nosotros también somos fácilmente influenciables.

Por Cecilia Díaz, consultora sénior de Estudio de Comunicación España

@ceciliadiazmart

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