Provocar para comunicar

No todo vale en comunicación. Hace poco, leía que un alto ejecutivo de una línea área mostraba su alegría por el cierre de otra aerolínea competidora, celebrándolo ante una manifestación de trabajadores que protestaban por la clausura. Tuvo que salir escoltado por la policía, como no podía ser de otra manera.

Desde hace algunos años la provocación ha sido una constante en la Publicidad y, por extensión, en la Comunicación. Todos recordamos anuncios impactantes de marcas de ropa, gimnasios, perfumes e incluso libros o películas que nos han hecho preguntarnos ¿dónde está el límite? Es un tema muy discutido y con opiniones muy controvertidas.

Cierto grado de provocación es aceptable e incluso lógico. En la facultad, al referirse a los titulares de la noticia, nos enseñaban que estos debían ser impactantes, aunque sin caer en el amarillismo. La publicidad basa buena parte de su creación en ponernos ante situaciones comunes y hacer que nos riamos de nuestras propias acciones, pero de una manera sana y, sobre todo, sin que los sentimientos de nadie se vean heridos.

Pero en lo que la gran mayoría estamos de acuerdo es que cuando la Comunicación o la Publicidad se basan en la degradación del ser humano o se alegran de su infortunio, se convierte en algo perverso, ajeno  a la profesionalidad y totalmente contrario a lo que significa ética. Por eso quiero subrayar que no, que en comunicación no todo vale.

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