Puedo prometer y prometo

Fantasmas, ‘negros’, orfebres de la palabra, arquitectos del discurso, demiurgos de la creación, muñidores de eslóganes o simplemente creadores de lemas para la eternidad. Los escritores a la sombra de los grandes personajes de la historia han estado siempre a las órdenes de sus mentores y mecenas para transcribir al román paladino sus pensamientos e ideas y hacerlas así asimilables al común de los mortales.

Frases célebres elaboradas a partir de determinadas ideas-fuerza han sido cuidadosamente cinceladas y talladas, primero, pulidas y engarzadas, después, desde tiempos inmemoriales para trazar una hoja de ruta discursiva hecha a la medida de cada audiencia.

El reto de enfrentarse a la hoja en blanco ha sido afrontado por estos profesionales de la comunicación para dotar de un adecuado andamiaje lingüístico a discursos, conferencias, charlas, mítines o meros encuentros informales no sólo en el mundo de la política sino también, y cada vez más, en el empresarial y entre los líderes de opinión llegados desde los más diversos campos de actividad.

Mimbres de un cesto cuidadosamente elaborado para destacar en el bazar informativo donde millones de mensajes compiten al unísono para captar nuestra limitada atención en un exigente entorno multicanal donde prima la inmediatez.

Así, célebres expresiones como “no preguntes lo que tu país puede hacer por ti…” (J.F. Kennedy); “no tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo…” (W. Churchill) o “nunca tengas miedo de hacer lo correcto…” (M. Luther King) han pasado a formar parte del olimpo del ideario colectivo en una especie de vademécum de la cita afortunada y, por tanto, perenne. Una especie de huella indeleble sellada a fuego en la memoria ciudadana que ha ido pasando, como un pequeño tesoro, de generación en generación.

Para lograr este efecto, los profesionales dedicados al arte discursivo siguen diferentes métodos de elaboración relacionados con la retórica y, por ende, alejados de la espontaneidad. Puesto que no hay discurso mejor improvisado que aquel que previamente ha sido cuidadosamente planificado, ensayado y medido al detalle.

Por Fernando Geijo, consultor sénior de Estudio de Comunicación España.

@fergeijo

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