¿Qué es el espíritu de la escalera y cómo superarlo?

¿Quién no se ha visto repasando mentalmente una discusión que ya ha tenido lugar y desarrollando nuevos argumentos que harían que, irrefutablemente, la conversación acabase de manera más exitosa?

Si te ha pasado, no te preocupes, no estás sólo y lo más importante, hay un nombre claro y una solución para esto.

Ya en el siglo XVIII nuestros vecinos franceses acuñaron la expresión ‘L’esprit de l’escalier’ para referirse a ese momento en el que se nos ocurre algo que podríamos haber dicho en una determinada situación pero que ya no tenemos tiempo de llevar a cabo. El término se le atribuye al enciclopedista Denis Diderot en ‘La paradoja del comediante’ y representa la escalera que sube y baja de la tribuna de oradores, en la que estos predicadores encontrarían los mejores y más ingeniosos argumentos, pero una vez hubiera terminado su turno de palabra. Según Diderot, esta incapacidad de ganar una discusión se debe a que el humano es un ser sensible y, por lo tanto, fácil de confundir cuando se encuentra frente a su contrincante.

En la actualidad, podemos enfrentarnos a esta problemática a la hora de hacer una ponencia en público, dirigir una reunión o mantener una conversación delicada con un superior. Para evitar que nos aborde el espíritu de la escalera podemos poner en práctica unos sencillos trucos.

Escribir, razonar y ensayar

Una de las medidas más sencillas a nuestro alcance es escribir los argumentos que queremos utilizar. Esto nos da la oportunidad de pensar fríamente y modular el discurso. En este caso, lo mejor será dejar reposar nuestros pensamientos e ideas durante una noche o un par de días para asegurarnos de que pueden funcionar.

Paralelamente, debemos asegurarnos de que no sólo hemos aprendido los argumentos que vamos a utilizar, sino que los comprendemos y, ante un giro de discurso, podemos reconducir la conversación y justificarlos desde otro punto de vista. El entendimiento nos funcionará mucho mejor que la memoria en estos casos.

Además, la concentración es siempre clave cuando estamos frente a una conversación o ponencia difícil. Evitar las distracciones, estar tranquilo y centrar nuestros cinco sentidos en lo que estamos haciendo o defendiendo, evitarán que nos quedemos en blanco o que un argumento contrario nos pille desprevenidos.

Por último, pero quizá lo más importante es no improvisar. Lo decía mi compañera Estefanía Campos hace unos días en redes sociales, hasta los mejores oradores ensayan sus mensajes, y mucho. Así, a base de práctica y repetición las temidas ponencias se harán menos difíciles y nos presentaremos ante nuestros oyentes de manera más natural y profesional.

Por Laura Alonso, Consultora en Estudio de Comunicación

@LauraAlonso_es

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