¿Ratificación de la 'teoría de la espiral del silencio' o provocación?

Intento pensar qué habrá pasado por la cabeza de la laureada actriz española Candela Peña para que, cuando hace unas semanas recogía en el Festival de Málaga su premio Biznaga de Plata a la Mejor Actriz, decidiera hacerlo con la boca tapada con cinta aislante negra. Quizá para entender este acto habría que remontarse a la entrega de premios Goya 2103 donde, al recoger su galardón como Mejor Actriz de reparto, protagonizó una dura queja contra, entre otras cosas, la situación de la sanidad pública. Tras ese momento se produjeron un aluvión de críticas contra la actriz por las opiniones expresadas.

Independientemente de que yo participe, o no, de las opiniones de la actriz, me surge una duda: no sé si la acción de la actriz responde a un gesto de provocación o es la terrible ratificación de la teoría de la espiral del silencio que la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann enunció el siglo pasado.

A título de recordatorio, cabe señalar que la teoría de la Espiral del Silencio dice que las personas se adhieren a la opinión de la mayoría en muchos temas porque quieren evitar un mal mayor, el peor de todos: aislarse de los demás… El hombre ordinario tiene un miedo cerval a quedarse aislado y esto provoca un “…mecanismo psicológico-social que he denominado la espiral de silencio. Éste es un principio dinámico conforme al cual la opinión pública emerge o se desvanece. El proceso es puesto en marcha porque un valor, una costumbre, un hábito o una constelación de poder llegan a ser atacados como resultado de descubrimientos, cambios de las condiciones de vida, crisis, cambios de poder o el surgimiento de una conciencia alarmada. Sienten que una esfera particular está a punto de perder su carácter inocuo”.

Como profesional de la Comunicación, prefiero pensar que se trata de una provocación más que de una forma de silencio seudobligatorio de una brillante actriz, cuyo trabajo está siendo valorado y premiado.

La historia de Candela Peña no sólo se aplica a la vida política, sino también a la empresarial.  Los silencios obligatorios son propios de otros tiempos, de otros sistemas de los que muchos pensábamos que habían quedado atrás. Los silencios forzados traen consecuencias que merecen la pena valorar: falta de confianza en el entorno, miedo, represión y, lo más lamentable de todo,  fuga de talentos.  Habrá quien decida que autoamordazarse no sea la opción y tome la decisión de alejarse de allí donde no le dejen expresar sus opiniones.

Por Juana Pulido, consultora sénior de Estudio de Comunicación España.

@juanapulido

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