Redes Sociales y antisociales: no molesten que estamos estudiando

Menos mal que el asunto era urgente y el problema acuciante, y menos mal que estas características, junto a las de su trascendencia para la sociedad y su especificidad y vacío legislativo fueron causa para aprobar todos los pasos con tal consenso que todos lo han sido sin votación alguna, por asentimiento.

Era el 28 de noviembre de 2012 y el Grupo Popular del Congreso de los Diputados presentaba una interesante iniciativa legislativa para la creación, en el seno de la Comisión de Interior,  de la Subcomisión de Estudio sobre las Redes Sociales. El objetivo doble era, por ello, doblemente loable: educar en el uso responsable de las llamadas redes sociales  y afrontar la protección  de los usuarios y  la comisión de delitos que, cada vez en mayor cantidad y gravedad, se cometen en  las que, en este caso, deberían ser llamadas redes antisociales, algo difícil porque son las mismas.

Lo cierto es que, junto a los beneficios reconocidos de estas redes, por las que transitan comunicacionalmente casi dos mil millones de ciudadanos en todo el mundo, circulan también riesgos de todo tipo, del ámbito de la seguridad personal y colectiva al de la intimidad y protección de datos. Mas no se trata de cerrar Internet, cierre seguramente imposible, sino de que existan en la red, como en las calles de las ciudades, instrumentos y mecanismos que garanticen el ejercicio de la libertad de comunicación y su protección, así como su  castigo si son  utilizadas para delinquir.

De aquel 28 de noviembre han pasado casi dos años y poco se sabe del fruto de tan reposado estudio, aunque algo sí, que el plazo  para la presentación del informe con las conclusiones y recomendaciones, que terminó el pasado mes de mayo, ha sido ampliado seis meses más (por asentimiento, claro)  sin que se tenga constancia alguna, desde entonces, de nuevas reuniones o sesiones de estudio  de la citada subcomisión. Y todo ello  pese a que, según alguna de las casi dos decenas de señorías que la forman “lo ágil que es el trabajo” y a que “si hubiéramos escudriñado semanalmente a la prensa hubiera sido [el trabajo]  más envarado y menos fluido”, aunque la prensa poco o nada ha dicho, bien porque el contenido de las comparecencias son secretas bien porque la confianza en la utilidad de esta subcomisión y de este estudio rozan el cero absoluto en los Medios de Comunicación y en la sociedad.

La falta de resultado del citado Estudio sobre las redes Sociales, dos años después, con el proyecto de Ley de nuevo Código Penal también varado en una actividad legislativa tan inane en cuestiones fundamentales, es ciertamente nada esperanzadora. Pocos ejemplos como el de este “estudio” pueden ilustrar con mayor rotundidad el  gran  trecho que, según la sabiduría popular, a veces va “del dicho al hecho”. Dichos como “la comunicación se ha sofisticado y en este momento gravita mucho sobre las redes sociales que proyectan mensajes que a veces son depurativos, pero otras son particularmente obscenos, particularmente viles, particularmente escabrosos o macabros basándose en la impunidad, en la oscuridad que proyecta esa información” o como “ según los especialistas existen zonas opacas para este injusto penal, que pueden ser dos delitos privados, injurias y calumnias, y dos que pueden ser delitos públicos, como la apología o la proposición para cometer delitos”. Son afirmaciones  de componentes de la Subcomisión realizados en sede parlamentaria.

Todo es, además, un confesado despropósito cuando la principal justificación para la prórroga solicitada es que, después de alguna de las comparecencias han tenido “conocimientos nuevos” que hacen necesario repetirlas. Como sigan a este ritmo, después de las próximas, de las que aún no hay noticias, adquirirán sus señorías “conocimientos nuevos” que harán necesarias volver a convocar a los mismos expertos. Y así, seguramente,  hasta agotar la legislatura sin nada concreto que aportar ni al Proyecto de Ley de Código Penal ni al buen uso de las redes.

 Por Ramón Almendros, Director de Estudio de Comunicación España.

@RamonAlmendros

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