Relaciones institucionales y comunicación al servicio de la captación de los fondos europeos

Economía Digital.- Ana Pereira, Directora en Estudio de Comunicación

Pese al desplome económico en España, la cruda situación también invita a la esperanza: el consenso de los expertos fija 2021 como año de inflexión en la crisis derivada de la pandemia.

Si en algo coincidían los diferentes pronósticos de los economistas era en que el batacazo del PIB a causa de la pandemia de coronavirus iba a ser histórico, y no se han equivocado: España ostenta el triste título de ser la economía de la Unión Europea que más cayó en 2020 por el impacto coronavirus, el desplome del sector servicios y el turismo y en la que se produjo una contracción del 11 % del PIB.

La otra cara de la moneda es sin duda el consenso generalizado entre los expertos a la hora de albergar razones para la esperanza, que no optimismo, al pensar que 2021 marcaría un punto de inflexión para el inicio de la recuperación económica a nivel mundial.

Equipo Económico prevé en su recién publicado informe Spain Outlook for Business Strategy, que a lo largo de 2021 y 2022 asistiremos a una recuperación parcial de la economía, con un repunte del PIB español en torno al 6,5% y al 3,2%, respectivamente. A partir de 2023, el crecimiento se acercará hacia una tasa potencial muy reducida.

La realidad es que el panorama sigue siendo desalentador: La tercera ola de la pandemia y las nuevas e inevitables restricciones adoptadas para hacerle frente han enfriado los pronósticos a favor de una remontada económica a principios de este año, y mientras el mayor proceso de vacunación masivo que recordemos avanza lentamente y se anuncian, pero no concretan, ayudas de 11.000 millones de euros para empresaspymes y autónomos, los españoles no podemos evitar pensar en la llegada de los fondos europeos como tabla de salvación a la que agarrarnos.

En el Consejo Europeo, el pasado verano de 2020 se producía fumata blanca para la movilización sin precedentes de 750.000 millones de euros, financiados mediante la emisión de deuda comunitaria y que deberán servir para sacar a la economía europea de la mayor recesión después de la Segunda Guerra Mundial en la que cayó el viejo continente durante la primera mitad del fatídico 2020.

Los 140.000 millones de euros que le corresponderán a España, de los cuales 72.700 le llegarán en forma de transferencias directas se esperan, aún sin fecha concreta, como agua de mayo.

Para entender la presión a la que se encuentra sometida España y por extensión todo su tejido empresarial, sabedor de que su recuperación y revitalización depende de estos fondos hay que añadir a los demoledores datos macroeconómicos, que nuestra economía tendrá que recuperarse partiendo de una situación de un endeudamiento mucho mayor, y que tendrá que hacerlo ante el enorme recelo de algunos estados.

Miembros del norte sobre el aprovechamiento o no, de estos fondos por parte de países del sur considerados más “cigarras” que “hormigas”, como el nuestro. Un recelo que se traduce en un inevitable choque de orgullo patrio entre dos formas diametralmente opuestas de entender la vida: y que solo viene a tensar más aún si cabe la economía, las esperanzas de recuperación y las cervicales de los españoles.

España, que continua con la hoja de ruta de su plan de recuperación y resiliencia; presentó el lunes 18 de enero a Bruselas su propuesta de reformas para uno de los proyectos más importantes, el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, aunque el plazo se extiende hasta abril.

En manos de la Comisión queda ahora su aprobación sujeta a los deberes que nuestro país tenga que hacer.

En cuanto al destino de los fondos europeos a los proyectos, no será otro que el de financiar aquellos, que acrediten debidamente por qué van a tener impacto en la reactivación de la economía, que tanto precisa nuestro país. Varios ministerios han cerrado a lo largo del mes de enero y febrero las convocatorias para la presentación de los llamados Manifestaciones de interés de los primeros grandes proyectos.

Desde que se diera el pistoletazo de salida a la loca carrera por presentar proyectos empresariales susceptibles de recibir financiación para obtener dichos fondos, empresas de todos los tamaños y sectores se han volcado de lleno en estudiar sus mejores bazas para optar a los mismos.

A la hora de abordar en un corto espacio de tiempo la presentación de los proyectos han surgido una serie de cuestiones fundamentales que repasamos a continuación:

Qué

La primera pregunta que se hacen en estos momentos muchas empresas en nuestro país es ¿qué proyectos se pueden presentar susceptibles de recibir el beneplácito de la administración pública española para acceder a la tan ansiada financiación? A esa pregunta sólo pueden responder las propias compañías, que son las que conocen sus verdaderos retos y necesidades de transformación.

En esencia, para que un proyecto encaje dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia presentado por el Ejecutivo en octubre de 2020, tiene que incardinarse en uno de los cuatro ejes transversales de los que oiremos hablar, más aún si cabe en los próximos meses: la transición ecológica, la transformación digital, la igualdad de género y la cohesión social y territorial.

Cómo

La segunda e inevitable pregunta que surge cuando pensamos en el máximo aprovechamiento de los fondos es ¿cómo presentar los proyectos en cuestión para que estén alineados con los requerimientos y condiciones impuestas por la Unión Europea para acceder a los mismos?

Para dar respuesta a esta cuestión la colaboración público-privada se antoja fundamental ya que se trata de un proyecto de Estado en el que nos jugamos no sólo el pez sino la caña para aprender a pescar y por tanto el futuro como país y en el que las empresas tienen la oportunidad y la responsabilidad de ser el motor de la transformación de la economía española.

Conscientes de su función como bisagra entre la administración pública y el sector privado las “Big Four” y otras firmas de servicios profesionales han creado equipos ad hoc integrados por expertos de todas sus líneas de negocio con la intención de asesorar tanto a las compañías como a las administraciones públicas a presentar y articular proyectos de forma que tengan el mayor número de posibilidades de optar a las ayudas del Fondo de Recuperación de la Unión Europea.

Tras la aprobación del Plan Europeo de Recuperación por parte del Consejo Europeo, CEOE puso en marcha la Oficina Técnica de Apoyo para Proyectos Europeos, en colaboración con la consultora PwC, una suerte de ventanilla de información para las empresas y las organizaciones empresariales y un ejemplo de que el nicho de negocio que han detectado las firmas de servicios profesionales en el asesoramiento al sector empresarial para la captación de los fondos es una necesidad real.

Por qué

He aquí la tercera gran pregunta. ¿Por qué un proyecto y no otro? Supongamos que hayamos identificado ya los proyectos que interesan a nuestra compañía y que incluso hemos contratado una firma de servicios profesionales para ayudarnos a estructurar la presentación de los mismos, aunque efectivamente tenemos parte del camino ya recorrido, no es suficiente para asegurarnos que pasaremos el filtro administrativo y que tendremos billete a la gran final en la “Eurovisión” de los proyectos que compitan por los fondos.

En realidad, existen pocas garantías de que en nuestra “carta a los Reyes Magos” todos nuestros deseos se puedan ver colmados. La buena noticia es que buena parte de las compañías disponen de herramientas de máxima utilidad cuando se trata de abordar la colaboración público-privada: Las relaciones Institucionales y la comunicación.

Tan importante como articular los proyectos de forma que tengan las mejores opciones para conseguir captar los fondos es trasladar a las instituciones y a la opinión pública de una manera coherente y efectiva la necesidad de que las iniciativas que proponemos reciban la ansiada financiación.

Por eso confío en que en estos momentos muchos gabinetes de comunicación y departamentos de RR.II hayan recibido de los máximos estamentos de su compañía el encargo de explicar ese por qué de sus proyectos para lo cual se les debería involucrar en los grupos de trabajo que a buen seguro se han creado a tal efecto, pues en definitiva se trata de remar juntos en la misma dirección y lograr el objetivo final que es asegurarnos como empresas el acceso a los fondos para contribuir así a la recuperación, el crecimiento y la prosperidad de España.

 

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