Te acompaño en el ERTE

Cinco Días.- Las compañías son víctimas de esta crisis, pero también lo son los empleados. Una buena comunicación es clave.

«Le acompaño en el sentimiento». Desgraciadamente, esta es una frase que se ha repetido demasiadas veces en estas últimas semanas, en todo el mundo. El Covid-19 ha provocado, solo en España, más de 20.000 muertos según cifras oficiales, que todos estiman inexactas.

Pero, lamentablemente, la pandemia va a traer y está trayendo también consecuencias económicas muy dolorosas para la población de todos los países. Semanas de economías paradas van a suponer un gran coste social, y las estimaciones de caídas de PIB e incremento del paro son muy poco esperanzadoras. España, por ejemplo, tiene a dos de sus principales motores económicos, el turismo y el ocio, prácticamente hibernados, con hoteles, restaurantes y bares cerrados y sin ninguna actividad en discotecas, cines, teatros o espectáculos.

Las empresas han tenido que reaccionar y muchas son las que han presentado ERTE, bien por fuerza mayor a causa de la epidemia o por causas económicas u organizativas.

Las empresas son víctimas de esta crisis, pero también lo son, y en igual medida, los empleados. Varios millones de personas se encuentran hoy aislados en su casa, con el trabajo perdido temporalmente, con miedo y ansiedad sobre su presente y, sobre todo, su futuro.

En una reciente encuesta que realizamos en colaboración con el prestigioso instituto de opinión pública Análisis e Investigación, los españoles aseguran tener tres sentimientos en esta crisis: pérdida de la libertad y en algunos casos del empleo; angustia e incertidumbre, por lo que reclaman información, e indefensión por falta de control de una situación que ven que no está en sus manos. Tres sentimientos que se agudizan en el caso de los afectados por ERTE.

Con esta realidad, lo primero que deben hacer las empresas es escuchar. Conocer las inquietudes e incertidumbres de sus trabajadores, saber qué les preocupa y qué esperan. Sin conocer al receptor los mensajes que se den son siempre menos precisos y eficaces. ¿Mantienen la confianza en que la empresa recuperará la actividad?, ¿temen que el ERTE sea la antesala del paro?, ¿han comprendido la posición de la empresa de complementar o no la prestación pública?, ¿entienden por qué unos compañeros, tal vez, se tendrán que incorporar antes que otros?

La comunicación puede y debe jugar un papel esencial en momentos de ERTE. Porque es el camino para mantener el vínculo con la empresa que el empleado ha perdido temporalmente, sirve para combatir el desánimo y dar confianza en el futuro a unas personas que están llenas de dudas. También sirve para explicar los pasos que se vayan dando, como por ejemplo la reincorporación parcial de la plantilla. Los empleados no pueden dejar de recibir información sobre su compañía, aunque esta esté inactiva. Esa comunicación, en primer lugar, debe ser humana y empática. Todo el mundo conoce la causa de la medida y puede suponer los negativos datos económicos que la justifican, pero necesita certidumbres ante lo incierto y calor cuando está pasando frío, mucho frío en la soledad de su casa. Una comunicación eficaz debe construirse poniéndose en el lugar del receptor y hablándole de manera cálida. No es el momento de tecnicismos ni de grandes números, sino de mensajes cercanos y personales. La comunicación más eficaz es la que se construye poniéndose en el lugar del receptor, hablando con su lenguaje y adaptándose a su estado de ánimo.

Cuando alguien pierde a un ser querido, lo que desgraciadamente le ha ocurrido a demasiada gente en esta crisis, agradece que le acompañen en su sentimiento de dolor y le reconforta sentir cerca a sus amigos. Cuando alguien está afectado por un ERTE, lo que desgraciadamente ha ocurrido a muchos trabajadores, también agradece y necesita que su empresa le acompañe. Necesita sentir a sus jefes cerca, necesita oír la voz de su compañía y conocer que los directivos están próximos y van a hacer todo lo posible para ganar el futuro y seguir adelante.

Los buenos líderes se reconocen mejor en la adversidad que en el éxito porque saben mantener la moral alta, saben marcar el camino y levantar el ánimo cuando es más difícil tenerlo alto. Con su equipo en situación de ERTE los directivos no pueden abandonar sus responsabilidades de liderazgo: deben mostrar empatía por los sentimientos, pero también confianza en las fortalezas de la organización y voluntad de futuro. Nadie puede prometer o asegurar lo que no se conoce y, por supuesto, debe estar seguro de que todo lo que diga sea verdad y todo lo que prometa pueda cumplirlo; pero, ahora más que nunca, es necesario dar certidumbres y marcar un camino.

Hoy las empresas cuentan con canales, como las redes sociales, que hacen posible ese acompañamiento. Una app con acceso desde los móviles personales es un tesoro para comunicarse con la plantilla y las empresas que la tienen así lo están comprobando. Esos canales debieran existir de forma previa a esta crisis, pero también pueden ponerse en marcha en cuestión de muy pocos días soportados en internet y en las redes sociales.

No dejen de comunicar con sus empleados si quieren mantener el orgullo de pertenencia a la organización y que, a la vuelta al trabajo, todos estén listos para dar lo mejor de sí mismos. Lo vamos a necesitar.

Benito Berceruelo es CEO de Estudio de Comunicación / @BBerceruelo

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