Twitter y la… ¿publicidad?

 

Imagino que saben, al menos algunos españoles, del revuelo que se armó por el artículo de Íñigo López Palacios en El País (12-10-2012) titulado “Este tuit tiene precio (y alguien lo pago)”. En plan resumen, su comentario es acerca de los tuits de pago, porque publicitan marcas o productos, también porque difunden opiniones, sin olvidar los que cobran por enlazar su cuenta en Twitter para que una aplicación retuité mecánicamente cualquier contenido que los “pagadores” produzcan. Es recomendable leer el artículo porque está cuajado de ejemplos y testimonios con nombre y apellidos.

Ya he confesado alguna vez en este Blog que me gusta Twitter; su idea, es decir. Creo que es una herramienta tan útil para labores de periodismo y comunicación como para generar, por ejemplo, conciencia social sobre determinados aspectos o, simplemente, compartir con quienes se ha aceptado que te sigan una reflexión, una idea, una fotografía, un sentimiento… Es más: puede ser un reto apasionante para los que quieran esforzarse en expresar lo que piensan o conocen utilizando bien su idioma y en un permanente ejercicio de síntesis.

Dicho esto, ¿es aceptable que Twitter sea un vehículo publicitario? Sí, sin duda. Pero añado rápidamente que conociendo qué es y qué no publicidad. En el mismo grado que la página de publicidad en un periódico o revista, el spot en televisión o la cuña en radio. La perversión viene cuando se ofrecen/aceptan pagos por tuitear recomendaciones y, para más descaro, condicionados a que no se sepa que son un consejo pagado.

Por otro lado: ¿es aceptable que un deportista de élite o un artista reconocido acepten pagos por poner en su cuenta, por ejemplo, que usan determinada marca? Bueno: estas personas son una “marca” en sí mismas. Es como demonizarlas cuando salen en un spot conduciendo determinado coche, calzando un tipo de deportivas o recomendado un banco. Además me parecen las menos “sospechosas”, porque con estas figuras suele haber, y es lo suyo, una cierta transparencia sobre quiénes les patrocinan o con qué empresas firman contratos para promocionar sus productos.

Esto de intentar confundir al receptor es un virus con el que los malos gestores de publicidad vienen intentando contaminar a los Medios desde que el mundo es mundo. También en Twitter habrá que aprender a enfrentarlo y a saber quiénes juegan sucio. Así que ojalá artículos como el de Íñigo López Palacios sirvan para que se recuerden cómo funciona la humanidad a algunos soñadores. Me refiero a quienes intentan contraponer los “medios sociales” -perdón por las comillas: no me gusta demasiado la denominación- con los Medios convencionales, calificando a los primeros de puros y generadores de la “verdad ciudadana” y a los segundos de corrompidos por la economía, la política o las mentiras interesadas. El gris, ya saben; nada solo blanco o negro, siempre gris.

Por Jesús Ortiz, consultor senior.

@JesOrtizAl

 

Foto: creative tools

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