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	<title>Black Mirror archivos - Estudio de Comunicación</title>
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	<description>Consultora de Comunicación y Relaciones Públicas</description>
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		<title>La cara oscura de Instagram</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ecambuj]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 May 2018 12:14:48 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Estefanía Campos]]></category>
		<category><![CDATA[Black Mirror]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hoy en día, cuando los actores se presentan a un casting, deben mostrar su cuenta de Instagram para que sus “evaluadores” comprueben cuántos seguidores tienen. Deben superar los veinte mil para tener opciones de ser elegidos.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.estudiodecomunicacion.com/2018/05/29/la-cara-oscura-de-instagram/">La cara oscura de Instagram</a> se publicó primero en <a href="https://www.estudiodecomunicacion.com">Estudio de Comunicación</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El fin de semana pasado estuve cenando con unas amigas. Gran parte del tiempo lo pasamos haciéndonos fotos y vídeos de esos que incluyen filtros, como el que te pone orejas de conejo o el que te pinta los labios. Algunas de mis amigas los subieron a sus cuentas de Instagram. Desde ese momento, no dejaron de estar pendientes de ver cuántos “likes” y nuevos seguidores obtenían. Y sumaron unos cuantos.</p>
<p>Hablando del tema de las redes sociales, sobre todo de la <strong>fiebre de Instagram</strong>, una de mis amigas, que es actriz, me contó un dato que me escandalizó. Parece ser que ahora, cuando los actores se presentan a un casting, además de presentar su curriculum y su vídeo book, deben mostrar su cuenta de Instagram para que sus “evaluadores” comprueben cuántos seguidores tienen. “Si no superas los veinte mil seguidores, es poco probable que te elijan”, me explicó mi amiga, que de momento lleva poco menos de mil, pero suma más de veinte años en su profesión.</p>
<p>En ese momento, no pude evitar acordarme de un episodio de la popular serie de Netflix, <strong>Black Mirror</strong>. La historia lleva por título “Caída en picado” y trata de una sociedad en la que todo el mundo, en todo momento, se califica mutuamente con estrellas a través de las redes sociales.  Todos se ven obligados a alcanzar una determinada puntuación de reputación para no convertirse en marginados sociales y dejar de tener acceso a la mayoría de los servicios cotidianos, algunos tan básicos como poder alquilar un coche. La protagonista, como la mayoría de la gente, vive obsesionada con obtener cada vez mejor puntuación. Deja de ser ella misma para adoptar continuamente una imagen que guste a los demás. Es obligatorio para acceder a llevar una vida normal.</p>
<p>Es aterrador pero, como todos los episodios de esta famosa serie, lo vi de manera despreocupada. Al fin y al cabo, no es más que ciencia ficción… ¿Seguro?</p>
<p>Al hablar con mi amiga, que como el resto de actores anda mendigando “followers” allá donde va para tener posibilidades de trabajar, pensé que quizá ese futuro imaginario estaba comenzando a materializarse.</p>
<p>Es más. Me contó los casos de aquellos compañeros que tenían éxito en Instagram. Para ello se esclavizan a dedicar al menos una hora al día a preparar su publicación. Uno de ellos le explicó la clave de su éxito: “cuánta más carnaza enseñes, mejor”. El chico había probado varias fórmulas y, como todos, había analizado la cantidad de “likes” y nuevos seguidores que conseguía con cada tipo de publicación. Cuando se mostraba en su faceta más intelectual, pasaba desapercibido. Pero cuando subía fotos suyas en traje de baño, su popularidad subía como la espuma.</p>
<p>Así que ahora los actores deben exhibir su cuerpo para mantener o aumentar su número de seguidores y así tener opciones de que los elijan cuando se presentan a un casting. <strong>¿Nos estamos volviendo locos?</strong></p>
<p>Me pregunto hasta qué punto vamos a permitir convertirnos en esclavos de las redes sociales. No se puede negar que han supuesto una revolución social. Ahora tenemos más posibilidades que nunca de ser escuchados por cualquier persona y en cualquier lugar del mundo. Las redes sociales nos dan una voz que antes no teníamos. Pero esa maravilla tiene su parte oscura, unos peligros que pueden crecer si no somos conscientes de ellos. Esperemos que el uso de esta tecnología no se nos vaya de las manos.</p>
<p>Por Estefanía Campos, directora en Estudio de Comunicación</p>
<p><a href="https://twitter.com/Ecampos1976">@ecampos</a></p>
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		<title>El espejo negro en el que nos miramos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[jortiz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Mar 2012 10:51:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Web 2.0]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a rel="attachment wp-att-1914" href="http://comunicacion-rrpp-publicidad.com/2012/03/el-espejo-negro-en-el-que-nos-miramos/black-mirror/"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-1914" title="Black-Mirror" src="http://comunicacion-rrpp-publicidad.com/wp-content/uploads/2012/03/Black-Mirror-300x175.jpg" alt="" width="340" height="175" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">«Doctor: sufro de &#8216;techno-paranoia&#8217;”. Con esta frase me dirigí el otro día a mi médico de cabecera en busca de una solución para la claustrofobia que me produjo el visionado de “Black Mirror”, la serie de televisión británica que ha dejado en estado de shock a media población mundial. En tres actos, “Black Mirror” realiza una feroz crítica de la sociedad excesivamente tecnológica en la que vivimos, dejándonos un regusto amargo y varios caminos de reflexión en torno al papel, por ejemplo, de las redes sociales y de los medios de comunicación tradicionales.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin desmenuzar su argumento, porque aconsejo encarecidamente a todo el mundo que la vea, el primero de los capítulos de la serie nos presenta una situación altamente confidencial -por los actores implicados en ella y por lo que a seguridad del Estado se refiere- que estalla trágicamente en pedazos debido al irrefrenable tsunami que supone la comunicación del hecho y su consiguiente reproducción, hasta el infinito, en las redes sociales. La presentación descarnada de esta parábola de ficción pero con muchos visos de hacerse realidad me hace reflexionar sobre la conveniencia o no de poner “límites al campo” cibernético.</p>
<p style="text-align: justify;">Algunos de los magnates de la comunicación en la red, como es el caso de <em>Twitter</em>, han sido los primeros en dar pasos en esta dirección, censurando los contenidos que puedan resultar ofensivos según los países en los que sean vistos. Una medida que ha levantado ampollas por considerarse en contra de la libertad de la expresión. Pero, ¿dónde poner los límite, máxime cuando, como es el caso que se presenta en “Black Mirror”, las redes sociales son utilizadas como vehículo de un chantaje que compromete a la seguridad nacional? Quizás tengamos que empezar a estudiar nuevos caminos para que esta ficción no se haga realidad.</p>
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