El cuñadismo y las noticias falsas

¿Quién no ha estado en una comida familiar o una reunión de amigos en la que alguien parece tener las respuestas y soluciones para todo? El cuñadismo no es un fenómeno nuevo, ha convivido con nosotros desde tiempos inmemoriales. Sobre cuestiones mundanas todos tenemos opinión. De hecho, no es nueva la frase “todos llevamos un entrenador/seleccionador dentro”.

En tiempos como los actuales, hemos visto como una buena parte de la población nos hemos convertidos en virólogos, expertos en vacunas…  incluso somos capaces de reconocer, entre las diversas opciones de vacunas que han llegado hasta nosotros, cuál es la buena de verdad. Todo ello, sin haber leído un solo estudio científico y sin tan siquiera tener los conocimientos necesarios para entenderlos. Lo mismo ocurre con otras cuestiones de la vida diaria. Desde la terraza de un bar -ahora que ya se puede compartir este espacio con más personas-, o desde el teclado de un móvil, se tienen soluciones para todo. Basta con haber escuchado alguna cosa en la radio o la televisión -en muchos casos sin haber prestado la suficiente atención- o haberlo leído en las redes sociales.

Y es que, precisamente, la generalización del uso de las redes sociales ha multiplicado los efectos del cuñadismo. Cada vez hay más personas que se permiten opinar de todo sin tener ni idea de nada. Damos por bueno lo que leemos en las redes, especialmente si eso refuerza nuestras convicciones y nos creemos, si no expertos, mejor informados que el resto. En psicología han dado nombre a esto: el ‘efecto Dunning-Kruger’. Se trata de un sesgo cognitivo que contribuye a que sobrestimemos nuestras habilidades, capacidades y conocimientos. Lo peor de este sesgo o del cuñadismo es que quienes lo padecen no solo se limitan a exponer una opinión o una idea, sino que consideran que quien no la comparte está totalmente equivocado.

Un reciente estudio realizado en Estados Unidos entre 8.285 personas señalaba que el 90% de los participantes consideraba que ellos eran mejores que la media a la hora de detectar las noticias falsas. La realidad era bien distinta, cuando se les pidió que distinguieran entre una serie de titulares de noticias falsas y otras rigurosas publicadas en Facebook, el 75% acertó por debajo de lo que ellos pensaban. Según el estudio, una quinta parte de los participantes sobreestimaron su opinión en un 50%.

No resulta extraño, por tanto, que si no somos capaces de reconocer nuestras dificultades para detectar cuándo una noticia es falsa o verdadera, nos convirtamos, sin saberlo, en propagadores de las mismas. Más si cabe si estas responden a nuestras creencias.

Una curiosidad que desvela este estudio es que, tras analizar el historial de búsquedas de los participantes, detectaron que los que más confiaban en sus capacidades para detectar las noticias falsas de las verdaderas eran aquellos que más tiempo dedicaban a frecuentar sitios poco confiables. Los propios investigadores señalaban que resultaba significativo que aquellos que tienen menos capacidad de reconocer las noticias falsas eran también los menos preocupados por sus limitaciones y los más susceptibles de expandirlas.

No cabe duda de que el cuñadismo, además del malestar que suele generar en las reuniones tiene otros efectos en la nueva era digital, también poco deseables.

Por Gerardo Miguel, director en Estudio de Comunicación

@GerardoMiguelb

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