La necesaria ITV de la comunicación

Puede sonar a Perogrullo que la lengua es uno de los instrumentos esenciales para manejar de una manera adecuada la comunicación, con permiso claro está de la no verbal, pero lo que está claro es que en España se carece de rigor a la hora de enseñar en los centros educativos disciplinas como la oratoria y la elocuencia.

Así lo viene a reconocer el catedrático de Lengua Española en la Universidad de Almería, Luis Cortés Rodríguez, quien en un reciente y acertado artículo publicado en el diario El País constata que, por desgracia, la enseñanza del bien hablar se reduce en nuestro país a esos cursos impartidos a ejecutivos, con títulos tan directos como: ‘Hablar bien o Cómo comunicarse bien en público’, siendo una materia olvidada en las universidades e institutos españoles de cara a preparar a los alumnos a afrontar situaciones como entrevistas, exposiciones o discursos.

No le falta razón a Cortés Rodríguez ya que en su texto recuerda que hablar bien no sólo depende, que también, de la seguridad en uno mismo si no sobre todo del manejo de un amplio vocabulario, de la capacidad argumental y de la lógica conexión entre unas ideas y otras, entre otros aspectos. Y es aquí, precisamente, donde las agencias de comunicación realizan su humilde aportación al asunto mediante los programas denominados de formación de portavoces, o voceros como son conocidos en los distintos países de Latinoamérica.

Un adecuado programa de entrenamiento de alguien que quiera refrescar sus habilidades y adecuarlas a los nuevos tiempos o que vaya a tener en el futuro la responsabilidad de interactuar con los Medios de comunicación debe comprender, independientemente del supuesto al que se refiera, la valoración del fondo y la forma del portavoz en simulaciones lo más reales posibles de entrevistas en prensa generalista, económica, radio, televisión y conferencia de prensa, entre otros supuestos.

En todos los casos, lo importante es que el simulacro esté adaptado a la realidad del formado y de su empresa como un traje a medida, ya que aquí no valen programas predeterminados a modo de cadena de montaje, con lo que se logrará el gran objetivo final que siempre hay que perseguir: la utilidad de la formación. Un ejercicio que debe ser revisado y acometido por los ejecutivos responsables en la materia con cierta periodicidad, como las ITV de los vehículos, al objeto de refrescar conocimientos y adaptarse a la rápida y cambiante realidad informativa de la mano de las nuevas tecnologías cuyo máximo exponente, de momento, son las redes sociales.

 

 

Por Fernando Geijo, consultor senior.

@fergeijo

 

Foto: Esparta

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