Sin nombre no existes

Cuando creamos una marca lo primero que hacemos es bautizarla. El nombre es el elemento principal, el corazón de nuestra firma; por ello debe de ser muy pensado. Debido a la importancia que tiene este elemento en la marca, cada vez existen más profesionales dedicados al denominado “naming” que se encargan de crear nombres y escoger la mejor opción.

Parece un trabajo sencillo pero no lo es, ya que cuando creamos la imagen de una marca el elemento del nombre se convierte en el eje fundamental del que va a depender la identidad de la misma. Este elemento se va a convertir en el órgano que hará que los demás funcionen; será el recurso por el cual sea reconocida por nuestros públicos y nos diferencien de los competidores. Por ello todos los profesionales del “naming” coinciden que el nombre debe de ser corto, fácil de recordar y que suene bien, en cuantos más idiomas mejor.

Por ejemplo, los nombres de las dos marcas de moda española más conocidas a nivel internacional, Mango y Zara, son sonoros y breves. Isak Andic, el propietario de Mango, dio con el nombre de su firma en un viaje a Filipinas donde tomando dicha fruta encontró el nombre que él quería para su marca, un apodo corto, fácil de recordar y que, además, suena prácticamente igual en cualquier idioma.

Pero el nombre de una marca no solo debe ser simple y pegadizo. Debemos intentar que refleje los valores de la misma, ya que si conseguimos esto lograremos un posicionamiento de la firma en la mente del público al que nos dirigimos.

Por tanto, no debemos dejar al azar la búsqueda de un nombre para una nueva marca, pues es el primer eslabón en una marca y debe ser pensado profesionalmente para lograr desarrollar la imagen correcta y que el resto de elementos funcionen y calen en los consumidores.

 

Por Teresa Rubido, consultora.

@TeresaRVidal

 

Foto: a_marga y joyosity

Una respuesta a “Sin nombre no existes”

  1. Estimada Teresa,
    muy buen artículo: conciso, claro y sintetizando las claves del “naming” (odio los anglicismo, pero en fin…). Sin embargo, paralelamente a lo que expones, creo que hemos entrado en un contexto en el que los aspectos técnicos y las herramientas de comunicación tradicionales van quedando en muy segundo plano.
    Porque ¿qué importancia tiene que Zara se llame Zara, si todos sabemos qué directrices sigue Inditex para minimizar costes? O ¿qué relevancia tiene que Endesa se llame Endesa, si esta empresa amenaza a un jubilado sevillano por llamarles “corsarios” a la vez que demuestra sus estafas a la ciudadanía?
    En otras palabras: la comunicación se encuentra en la misma encrucijada que el sistema político-económico mundial, por muy bien que elijamos el nombre de nuestra marca.

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