¿Comunicación emocional o financiera?

A nadie le coge por sorpresa que la financiación participativa, como dice la legislación española, o crowdfunding, como dicen los anglosajones, ha encontrado en internet la tierra abonada para crecer e instalarse en nuestra sociedad. En el mundo, se habla de miles de millones en cualquier moneda para citar noticias sobre esta manera de obtener dinero para realizar proyectos.

¿Un ejemplo? Solo la plataforma Kickstarter, que es la más activa internacionalmente hablando, cita en sus estadísticas cantidades superiores a los 2.500 millones de euros recaudados para algo más de 100.000 proyectos finalizados con éxito. Y ya se establecen records de rapidez en alcanzar objetivos (como el banco inglés Mondo Bank, que obtuvo un millón de libras en 96 segundos) o en llegar a cifras multimillonarias (como el reloj inteligente Pebble Time, que recaudó más de 2,3 millones de dólares en dos meses de campaña).

Hay proyectos que buscan simplemente donaciones, otros que ofrecen una recompensa a cambio de la aportación (una especie de venta anticipada), los que van directamente a buscar accionistas y los que suponen pedir un préstamo. Son, digamos, los cuatro tipos que existen de crowdfunding. La CNMV y el Banco de España regulan, respectivamente, los dos últimos. El resto van por libre. Pero todos tienen un punto en común: es necesario comunicar bien el proyecto para que tenga éxito.

Por supuesto, hay otros factores para que quien solicite financiación mediante este sistema logre su objetivo. Por ejemplo, que se trate de un artilugio muy útil y asequible, que sea algo muy tecnológico y entendible, que haya una clarísima innovación, que se relacione con el ahorro energético o la protección medioambiental… Y, sobre todo, que emocione. Les resultará curioso, pero el mayor índice de éxito entre los proyectos que se presentan en Kickstarter, por encima de un 60 por ciento, son para los de baile y los de teatro. Si lo piensan bien, son los que tienen más fácil emocionar cuando cuentan su historia.

Si es cierto lo que dicen en la revista digital especializada Crowdfundbeat, donde, hablando de EE. UU., prevén dos millones de puestos de trabajo nuevos en empresas surgidas del crowdfunding y un valor económico anual de 3,2 trillones de dólares (unos 3 billones de euros) para 2020, los de Comunicación tendremos que “ponernos las pilas” para aprender a contar historias emocionantes que convenzan a los ahorradores de que merece la pena invertir en determinados proyectos de una starup tecnológica o de una pequeña empresa de diseño de moda. Y bueno: también para convencer a esos emprendedores de que es muy difícil comunicar bien lo que uno mismo hace y le entusiasma. Precisamente, porque estamos hablando de emociones.

Por Jesús Ortiz, consultor sénior de Estudio de Comunicación España

@JesOzrtizAl

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