La hora de la salud en el tablero de la comunicación

Top Comunicación.- Si hay un sector empresarial al que le ha llegado la hora de dar el “do de pecho” está claro que es el farmacéutico. Su papel en la búsqueda de una vacuna contra el SARS- CoV-2, desde la investigación hasta que se aprueba la comercialización, así como el desarrollo de productos sanitarios específicos que ayuden a paliar sus efectos, está siendo determinante. También, puede ser el sector fundamental que contribuya a impulsar nuestra maltrecha economía. No en vano es fuente de empleo de calidad, de inversión en investigación puntera y cuenta con empresas que ofrecen excelentes resultados financieros.

Sin embargo, con razón o sin ella- depende de la perspectiva desde la que se observe- esta industria siempre ha levantado suspicacias y ha tenido lo que se conoce como “mala prensa”.  Se le ha acusado de “sobornar” a los profesionales sanitarios para que prescriban determinados medicamentos; de marcar precios abusivos; de lucrarse de la investigación ajena; de aprovecharse de las subvenciones públicas para la investigación… y de un largo etcétera.

Frente a una mala prensa de estas características, por supuesto, siempre cabe revisar las prácticas. Y, sobre todo, será necesario trabajar con ahínco en el terreno de la comunicación. Sólo con un ejercicio empático, transparente y constante de acercamiento a los públicos objetivo la industria farmacéutica podrá luchar contra opiniones tan generalizadas que no favorecen.

Y es que, frente a todas las críticas mencionadas, nos enfrentamos ahora a un nuevo lugar común. El de que con la crisis del Covid… “se van a forrar”.  En los próximos meses, lo quieran o no, los laboratorios van a estar en el tablero de la opinión pública de manera constante con cuestiones que se les exigirá responder como: ¿Estarán dispuestos a compartir la propiedad intelectual de los avances que hagan en la investigación por la vacuna? ¿A qué precio marcarán medicamentos esenciales en la lucha contra el virus?

En relación con lo primero, por lo que conocemos, ninguna compañía farmacéutica se ha adherido al grupo de patentes organizado por la OMS para facilitar a los investigadores de vacunas replicar el trabajo de los demás. Al fin y al cabo, son compañías privadas que defienden -mientras no se les obligue a lo contrario- su know how. Pero ¿se entenderá esta postura? En este caso el riesgo de que no se entienda, si no se explica a la perfección, es muy alto.

Lo cierto es que la Federación Internacional de la Industria Farmacéutica (Ifpma) se ha unido como socio fundador a la alianza mundial, liderada por la OMS, y llamada “ACT Accelerator”, para acelerar el desarrollo y la producción de terapias y vacunas frente al coronavirus y garantizar que estos tratamientos sean asequibles y estén disponibles para todos de manera equitativa. A la alianza también se han sumado los principales gobiernos de Europa, Latinoamérica, África y Asia, entre ellos el de España.

Con respecto a la esperada vacuna, Canadá y Alemania -entre otros países- ya han “amenazado” con anular las patentes si es necesario para tener acceso a las vacunas.  También la ONG Médicos sin Fronteras emitió un comunicado allá por el mes de marzo en el que exigía que “en esta crisis de salud global no se dé pie a patentes y beneficios lucrativos en medicamentos, test o vacunas para el coronavirus”. En este comunicado se insistía en que “las empresas farmacéuticas y de diagnóstico están eligiendo ser parte del problema en lugar de parte de la solución, lo que demuestra que incluso en esta crisis aguda de salud global, no harán lo correcto”.

En relación con el precio de la supuesta vacuna ya hemos escuchado declaraciones de altos ejecutivos -como es el caso de los laboratorios norteamericanos Moderna- que han señalado que están dispuestos a establecer precios “bajos” mientras dure la pandemia. Después, las dosis seguirán “las dinámicas tradicionales de las leyes del mercado”. Lo cual, si bien es un gesto muy interesante en beneficio de la salud pública y lógico para una compañía que se debe a sus accionistas, puede volverse en contra.

Así pues, es imprescindible que estas compañías revisen sus modelos de acercamiento a sus públicos objetivo y desarrollen estrategias de marketing y comunicación intensas y específicas para los próximos meses. El reto es mayúsculo. La tarea apasionante. El objetivo final: una sociedad mejor informada, fuerte desde el punto de vista económico y, por supuesto, protegida eficazmente frente al enrevesado virus.

 

Por Cecila Díaz, Consultora Sénior de Estudio de Comunicación.

 

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