Las #redessociales como azote de la manipulación informativa

El caso de la fotografía del niño sirio de 4 años Marwan que, según las primeras informaciones difundidas por las redes sociales y reproducidas por numerosos medios de comunicación, atravesó solo el desierto, es un magnífico ejemplo de varias cosas, peligrosas unas, muy positivas otras, a tener en cuenta desde el punto de vista de la comunicación.

Se trata, como primera derivada, de un caso de manipulación informativa –intencionada o no- basada en la capacidad de la fotografía para aislar al sujeto del entorno y presentar con gran fuerza, sin necesidad de retoque alguno, una versión distorsionada de la realidad. En ese sentido, un pie de foto lo es todo porque no siempre una imagen vale más que mil palabras y los textos que las acompañan hacen que cobren sentido e interpretación. La historia está llena de fotografías malintencionadamente interpretadas por sus pies de foto. Sin ir más lejos, en la historia gráfica de España tenemos el ejemplo de una misma imagen usada para ejemplificar las atrocidades de uno y otro bando en la Guerra Civil y, cómo antes se usó para ilustrar las de la guerra de Marruecos, que es donde realmente se había tomado muchos años antes.

Sin duda, un riguroso ejercicio de la profesión periodística, con la obligada comprobación de las fuentes, puede minimizar el riesgo de cometer errores o ser víctimas de la desinformación, pero junto a los errores profesionales, siempre van a existir las manipulaciones interesadas de parte, que intentarán colocar sus versiones sin el menor respeto a la veracidad y, en muchas ocasiones, lo conseguirán durante algún tiempo antes de ser descubiertos, si es que  eso alguna vez ocurre.

La parte positiva de este asunto es que la falsedad sobre las circunstancias del niño Marwan fue rápidamente puesta de manifiesto gracias al poder de difusión de las redes sociales, una situación no inédita pero aún novedosa demuestra que vivimos una nueva realidad informativa.

Durante décadas el poder de los medios de comunicación para difundir “la” verdad fue omnímodo y sólo otro medio de comunicación igualmente importante era capaz de contrarrestarla. Hoy, la acción de una o varias personas utilizando las modestas pero gigantescas redes sociales, son capaces de confrontar cualquier manipulación informativa (también de transmitirla) con una fuerza arrolladora que no tiene nada que envidiar a la de los propios medios de comunicación.

En la medida en que el poder de las redes sociales siga siendo democrático (un hombre un tuit) y sirva como ojo vigilante que compela a los profesionales de la información a actuar con el máximo rigor, este cambio debe ser más que bienvenido por todos los que consideran la información un derecho y la manipulación informativa su peor conculcación.

Por J. Alberto Mariñas, Socio. Estudio de Comunicación. España

@amarinas

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