Netflix abre la veda a la llegada masiva de series y películas interactivas

Llevábamos semanas escuchando rumores sobre el estreno de un nuevo episodio de la archiconocida serie de Netflix Black Mirror, pero no ha sido hasta el 31 de diciembre cuando el gigante del sector audiovisual nos ha deleitado con él.

Como si del comienzo de una nueva era en la comunicación audiovisual se tratara, Bandersnach -el esperado episodio de la serie futurista- ha sido la primera película interactiva que Netflix ha lanzado a nivel global. Y es que el gigante estadounidense sabe muy bien que todo comunica, incluso la fecha elegida para lanzar una pieza audiovisual como esta.

¿Qué tiene de especial?

El capítulo invita al espectador a interactuar con las decisiones de su protagonista desde prácticamente el primer minuto, haciéndole partícipe de la historia y de la presión a la que se ve sometido el actor principal. El lenguaje empleado tanto por los personajes como en las opciones mostradas a los espectadores, va evolucionando a medida que se avanza en la historia y se aproxima alguno de sus finales, siempre basándose en las decisiones tomadas y en la intencionalidad que hay tras cada una de ellas.

Puede parecer algo poco novedoso. Siempre existieron los libros del tipo “crea tu propia historia” y ya hemos visto miles de piezas interactivas en Youtube, pero lo que realmente hace única a esta nueva película es el intenso grado de detalle de las reacciones del protagonista tras las decisiones tomadas y la influencia real que ejerce el espectador en la historia.

En Bandersnach se abre una comunicación no verbal directa con el personaje principal, que comparte sus pensamientos y cuestiona el origen de muchas de estas decisiones, con las que está o no de acuerdo. La conexión entre una pieza audiovisual y su audiencia es más fuerte que nunca, haciéndoles sentir las inquietudes de su protagonista como si de una historia real se tratase, y responsabilizándoles de forma indirecta de las consecuencias que pueden acarrear las decisiones más banales. Se pasa de la mera observación a la inmersión en una historia a priori ajena a nosotros, de adivinar cómo puede sentirse un personaje de ficción por una más intensa conexión emocional con él.

Aún está por ver qué acogida tiene esta tecnología por los consumidores en la comunicación corporativa y publicitaria, pero una cosa está clara: las marcas y empresas nunca han tenido tan fácil conectar y emocionar a sus públicos potenciales.

Por Nerea Nuevo, consultora senior de Estudio de Comunicación España.

@NereaNuevoM

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