No hay tuit íntimo

Apenas en su infancia y el Twitter, como un travieso párvulo, no deja de sorprendernos; muy positivamente en algunos casos como contaba hace un par de post (El poder de un tweet). Desde sus primeros pasos, la red de microbloggin nos mostró su poder de convocatoria, con los espontáneos #twestivals, que caprichosamente y en solo unos minutos eran capaces de reunir a decenas de hombres en calzoncillos en una estación del metro o hasta su poder para alimentar un movimiento revolucionario, sin un líder aparente.

En términos de comunicación y periodismo, todavía estamos como al inicio de una vida, en la etapa prueba y error. El Twitter se ha convertido en la herramienta preferida para dar a conocer una noticia y, sobre todo, para diseminarla. Es tan ambicioso el afán de algunos periodistas por “ganar la nota”, que incluso han pasado por encima algunas reglas elementales del periodismo, como lo es la de verificar la fuente.

Las celebridades han encontrado en Twitter un vehículo para medir su popularidad, pero también sus antipatías, sobran ejemplos de quienes han tenido de plano que cancelar sus cuentas. En México acaba de acontecer un suceso digno de mencionarse, protagonizado por la actriz Kate del Castillo, cuya fama internacional explotó gracias a su magnífica interpretación en La Reina del Sur de Arturo Pérez Reverte, en su versión para televisión.

Resulta que la atractiva mexicana se puso a filosofar en Twitter, sobre la vida, el amor, los valores e incluso sobre política. Entre las hermosuras que plasmó, está una solicitud en tono irónico para el Chapo Guzmán –el capo del narco más buscado en este planeta-, pidiéndole su ayuda para lograr la paz y el progreso en México, en pocas palabras.

La repercusión en Twitter fue impresionante, pero su brinco a los medios tradicionales lo fue aún más. Durante una semana fue una verdadera protagonista de la polémica y los cuestionamientos. Algo que en su interior era una expresión con sus seguidores, se convirtió en algo irreverente, ominoso y masivo.

Tendríamos que estar recogiendo estas experiencias, registrándolas y analizándolas para integrarlas en un documento de valor didáctico para los comunicadores del futuro. Por ejemplo, ya podríamos crear el síndrome de Kate de las tres íes: no hay tuit (tweet) inocente, intrascendente y, menos, íntimo.

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