Portavoces: el buen disfraz de Mortadelo

Quien no conozca la obra del genial Francisco Ibáñez, posiblemente no sepa muy bien de lo que estoy hablando; en ese caso le recomiendo, además de leer las líneas escritas a continuación, que apague su ordenador o su dispositivo móvil y vaya a la exposición que el círculo de Bellas Artes de Madrid alberga hasta finales de enero. En caso contrario, espero que me siga en el planteamiento que expongo a continuación:

¿Quién no se ha reído en España con Mortadelo, ese superagente de la T.I.A. que, formando una inepta pareja con Filemón, resolvía los crímenes de la forma más disparatada posible? Pues bien: entre los muchos defectos que encontramos en Mortadelo, hallamos también una maestría que es capaz de sacarlo de cualquier situación: su capacidad para adoptar las destrezas de aquello de lo que se disfraza.

Hoy en día, un buen portavoz debe aprender a utilizar esa habilidad y, según a qué públicos se dirija, saber adoptar una postura u otra. Ser capaz, en definitiva, de adoptar las cualidades del “disfraz” que se viste y, si la situación y el discurso requieren unas determinadas características, saber proyectarlas. Comunicar bien con cada público se antoja clave para el éxito empresarial actual, pues los stakeholders de las empresa se han tornado en los últimos tiempos en elementos muy activos en el ecosistema de las compañías.

El buen portavoz debe saber lucir bien el disfraz que lleva puesto y sentirse cómodo con las cualidades que éste le proporciona pero que a su vez le exige. Si ha de ser extrovertido debe convertirse en extrovertido, si ha de ser inspirador debe llegar a ser inspirador, y así en un largo etcétera, independientemente de las cualidades naturales que el propio portavoz presente como individuo en su vida privada.

La oratoria no es más, por tanto, que el arte de disfrazarse con estilo y que el propio disfraz nos quede tan a medida que hasta nos cueste distinguir cuando lo llevamos puesto. Pero se ha de pensar que la buena oratoria, como la gran mayoría de cualidades, se trabaja, no es innata, ya que si Mortadelo hablará nos diría que él tampoco nació con un disfraz debajo del brazo.

Por Pedro Soto, Consultor de Estudio de Comunicación. España

@pedrosotoft

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