Transparencia y verborrea

comunicación covid19 ABC.- Todos estamos encerrados en casa. Bueno, todos afortunadamente no. Porque quedan trabajando los que son imprescindibles para que esta sociedad que hemos construido funcione. Al fin somos conscientes de que tiene más valor un científico o un médico que un futbolista, aunque no creo que seamos capaces de equilibrar con justicia los sueldos de cada uno de ellos, reconforta que nuestros aplausos de las ocho de la tarde no estén dirigidos a reconocer un buen gol o al nacimiento de una estrella mediática sino a dar las gracias por la salvación de muchas vidas.

En estos momentos de encierro y confinamiento juega un papel fundamental la comunicación. La que hacen los gobiernos, la que hacen los políticos, la que hacen las empresas o la que hacemos cada uno de nosotros con nuestros seres queridos.

En esta difícil coyuntura, la mayoría de las personas se hacen esta pregunta: ¿qué esperan los ciudadanos de sus líderes y de lo que estos les transmiten y cuentan en épocas de crisis como ésta? Pues, en primer lugar, yo creo que esperan que trabajen, que se pongan manos a la obra, que los gobernantes hagan el papel que la sociedad les ha otorgado mediante sus votos, que no es baladí, es el de gestores y responsables de los asuntos públicos. Y lo público ahora es vital para muchos de esos ciudadanos, personas que quieren que los ministros y los altos cargos estén en sus despachos, oficiales o virtuales, gestionando cuestiones eficaces, consiguiendo que lleguen respiradores, que haya mayor capacidad ocupacional y más medios resolutivos en los hospitales, que los trabajadores sanitarios estén protegidos y no corran peligro; en definitiva, que todos estemos a salvo, o lo más a salvo posible. Por eso -y siento que esto suponga una decepción- la imagen que están dando los líderes, actualmente y de manera permanente, en el escaparate y el escenario de la obra que les ha tocado representar, lejos de tranquilizar, no aporta nada. Es desolador. Además, los ciudadanos esperan que se les informen con transparencia. Pero ser transparente no quiere decir ser un charlatán de feria, reventar los telediarios, sobreinformar, hablar continuamente y decir poco. No es una cuestión de cantidad sino de calidad. Como decía Felipe González, ex presidente socialista – y lo comparto en estos momentos- la comunicación tiene que ser “lo más directa posible, lo más breve posible y lo más empática posible”. Desgraciadamente no es la comunicación que estamos viviendo. Una comparecencia tras otra, repetitivas, mitineras y condicionadas por unas ruedas de prensa sin preguntas directas de los periodistas (como los propios periodistas han denunciado) no son ejemplo de buena práctica de comunicación. Muchos regímenes han gestionado la comunicación por saturación y agotamiento, no es una cosa nueva. Fidel Castro, por ejemplo, hacia discursos de horas y horas para decir muy pocas cosas. Es un fallo común, no estoy seguro de que sea ingenuo, confundir transparencia con verborrea. Por hablar mucho no contamos muchas cosas.

La comunicación no es un fin en sí misma. Es un medio para conseguir otros fines, como convencer, seducir, enamorar o liderar. En este preciso y difícil momento, para infundir entusiasmo, amainar depresiones, abrir luces al final del túnel, sujetar reacciones impulsivas y convertirlas en responsabilidad y coherencia. Comunicamos para contar cosas, para ser honestos, para hacer una sociedad mejor, y si nos pasamos somos unos pelmas.

En el caso de las empresas asistimos a una situación muy diferente. No ha habido ruedas de prensa de Amancio Ortega o de Ignacio Sánchez Galán, o de Marta Álvarez, o de tantos otros. Pero si hemos conocido sus hechos. Sabemos que se han puesto manos a la obra, al frente de sus organizaciones para dar el servicio que sus empresas están obligadas. Por ejemplo, dar luz a todas las casas o a los hospitales o, llevar la compra a casas de muchas familias que tienen que comer. Pero, además, han regalado equipos médicos para los hospitales o han puesto a disposición de la sociedad su capacidad logística.

Y ¿cada uno de nosotros?. Pues hemos intentado aliviar la soledad de nuestros seres queridos con llamadas, con cariño, con empatía, usando todos los medios a nuestro alcance. Y nos hemos dado cuenta de lo importante que es decir “estoy a tu lado” aunque no pueda estar a tu lado. Y, seguro, hemos aprendido a valorar palabras como “te quiero” o “te necesito” que usábamos poco y guardábamos debajo del armario.

 En momentos de crisis las sociedades necesitan liderazgos, pero liderazgos sólidos, con contenido. La comunicacion puede ayudar a superar este trago, pero el exceso de información solo genera saturación. Mi consejo: menos verborrea, menos demagogia, más trabajo serio y más comunicación directa, breve, veraz y empática.

Benito Berceruelo, CEO de Estudio de Comunicación en ABC. 

@bberceruelo

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