Del denostado arte de la retórica

La retórica es un arte. Lo proclamó hace más de 2.500 años Aristóteles, quien en su tratado sobre esta noble disciplina, subrayó la capacidad del lenguaje para persuadir. Desde entonces, ha llovido mucho, pero no ha variado un ápice la importancia de las palabras para convencer, rebatir, emocionar, seducir…

El director de la popular saga cinematográfica Transformers, Michael Bay, se quedó reciente y literalmente en blanco durante una intervención en la feria de electrónica CES de Las Vegas. Invitado por Samsung para promocionar ante los periodistas los nuevos televisores de Ultra HD de esta compañía surcoreana, Bay se bloqueó por un problema surgido con el teleprompter y no supo continuar su discurso. Se puede ver su reacción en este video:

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El invitado estelar de Samsung, incapaz de remontar el bache, dio la espantada y abandonó el escenario ante la sorprendida mirada de sus anfitriones y de todo el auditorio. ¿Nervios?, ¿miedo escénico?, ¿falta de preparación ante un acontecimiento imprevisto?

Los consultores de Comunicación sabemos que la buena Comunicación no se improvisa y que como en cualquier disciplina, la preparación previa, la práctica paciente y disciplinada es imprescindible. Ningún directivo, ejecutivo del ámbito empresarial o institucional puede sustraerse en la actualidad a la exposición en cualquier foro público o mediático. La experiencia demuestra que la improvisación se paga.

Existen personas elocuentes, con carisma, que comunican bien, saben transmitir sus mensajes a su audiencia, pero a los que un exceso de confianza, o un punto de soberbia, o un imprevisto, traiciona o echa a perder el discurso. Otras personas, quizás con menores recursos retóricos, pero con una preparación concienzuda consiguen dejar pequeño a Demóstenes y sus famosas piedrecillas en la boca para superar la tartamudez.

La formación de portavoces es un ejercicio al que muchos directivos de empresa se muestran remisos, imbuidos de una especie de complejo a prestarse a lo que consideran ya sabido y por tanto superfluo repetir, como el alumno aventajado que tras superar un examen de reválida considera un desdoro repasar una materia que consideran ya superada.

Youtube ofrece numerosos y aleccionadores- a veces, sonrojantes- ejemplos de fiascos comunicativos de conspicuos líderes políticos y empresariales. En esto, como en todo, los antiguos romanos nos llevaban siglos de distancia. Seguramente, si Michael Bay hubiera leído a Catón el Viejo, habría aprendido este célebre adagio de la retórica: “rem tene, verba sequentur” (domina el asunto, las palabras vendrán solas).

Por Adolfo Lázaro, consultor sénior de Estudio de Comunicación España

@Alazaro_m

 

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