La misma piedra

 

Reza el refrán castellano que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. No siempre, es cierto. Pero, cuando extrapolamos la verdad popular al mundo de la empresa, es tan frecuente el traspiés en el mismo sitio, que asusta.

Por aquello de contar “el pecado, pero no el pecador”, puedo exponer el caso de una compañía multinacional que hace un año, poco más o menos, tuvo que cerrar una de las varias plantas que tiene en España. Era residual y afectó a muy pocos trabajadores que, además, entraron mayoritariamente en planes de prejubilación. Pero la empresa cometió el error de “ahorrarse” la parte del Plan de Comunicación que se dirigía a dos colectivos básicos: trabajadores y proveedores locales. A los primeros, ya se les informaría desde Recursos Humanos (¿se aprecia la diferencia entre “informar” y “comunicar”?); y a los segundos se les comentaría (“comentar”, ya ven) cuando todo estuviese hecho.

Los directivos creyeron que con cumplir los procedimientos legales, en el caso de los trabajadores, e informar también a las Administraciones implicadas, dado que no era previsible una crisis porque el número de posibles afectados era bajísimo, era suficiente. Pero la información se filtró a los Medios, los trabajadores se enteraron así a la vez que sus familias (¡qué horror!), los proveedores locales pusieron “el grito e el cielo” y entre unos y otros se calentaron hasta desequilibrar todos los planes que habían hecho los asesores jurídicos, financieros y laborales respecto a cómo realizar la operación. Resultado: la compañía gastó multiplicado casi por cinco el “ahorro” en aplicar el Plan de Comunicación Interna y de relaciones con grupos de interés directo.

Hoy, la misma multinacional se tiene que enfrentar a un caso similar y, para más abundar en problemas, con mayor número de trabajadores y proveedores locales afectados, con una situación general mucho más compleja y con una sensibilización social in crescendo. La compañía tiene un primer ejecutivo distinto, es verdad, pero los componentes del núcleo principal de sus directivos estaban ya hace un año. Desde el departamento de Comunicación se elaboró el primer documento para evaluar las tácticas a seguir y se propuso externalizar la gestión de la Crisis de Comunicación, incidiendo en la importancia de la Comunicación Interna, el entrenamiento de portavoces internos y externos con los mensajes específicos de la situación, el diseño de escenarios posibles y los elemento de acción/reacción consiguientes, etcétera. Lo correcto, es decir, en cuanto a lo que se debe hacer en estos casos.

La respuesta del nuevo director general fue que “no parecía tan importante planificar tanto, que según salieran las cosas se iría haciendo, que el coste…”. Y lo curioso del caso es que sus directivos asintieron sin el más mínimo atisbo de, qué menos, sugerir una reflexión a la vista de una experiencia tan reciente como la tenida meses atrás.

Eso sí: el responsable de Comunicación se tuvo que “comer” el típico comentario del director general: “lo que hay que asegurar es que en los Medios se cuente bien…”. Traducido: “nosotros despreciamos a los trabajadores, a los proveedores y a toda esa panda de chupópteros que nos hace perder dinero, pero a los tontos de los periodistas les escribimos clarito lo que tienen que decir y que no se salgan del guion”. No se ustedes, pero yo pronostico otro tropezón de los de dejarse los dientes en el suelo…

Por Jesús Ortiz, consultor senior. 

@JesOrtizAl

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